¿Se puede dejar propina en metálico cuando nos recomiendan que paguemos con tarjeta? ¿Podemos dejar propina con tarjeta al camarero que nos ha atendido? Hablamos con un sector que busca alternativas para una costumbre que va a menos.

 

Cuando Antonio de María era chico recibió 700 pesetas en propinas en su primer día de trabajo en el Hotel Playa de Cádiz capital. Su sueldo era de 825 al mes. Hace más de medio siglo que el presidente de la patronal hostelera gaditana inició su carrera profesional, y la cosa ha cambiado mucho. Hace unos días, el camarero de un prestigioso restaurante andaluz contaba que es algo excepcional que alguien deje 5 euros encima del platillo.

Las propinas pasaron de ser un sobresueldo a convertirse en una cantidad que no salva la nómina a nadie. Desde el sector hablan de dos puntos de inflexión, la llegada del euro y la popularización del pago con tarjeta, y la crisis del coronavirus podría convertirse en un tercero al generar muchas dudas entre los clientes sobre cómo realizar este pago.

Cuando los bares han abierto, lo han hecho con la premisa de priorizar los pagos sin contacto, por medio de tarjetas o aplicaciones. El cliente que paga con tarjeta para seguir la recomendación ¿qué hace con la propina? Si la abona en metálico ¿está incumpliendo las recomendaciones sanitarias? Y si pide que sumen la propina al pago que realiza con la tarjeta ¿puede estar seguro de que el dinero llega a la persona que le ha atendido? Para saber qué hacer, vamos a ver cómo funciona el tema de las propinas en los bares y restaurantes.

Por qué pagamos propina

A diferencia de lo que ocurre en otros países, explica De María, la gente aquí suele indicar con la propina qué le ha parecido el servicio: ‘castiga’ el malo no dejando nada, y premia uno muy bueno dejando más de lo habitual, aunque hay más motivaciones a la hora de decidir cuánto dejar de propina. Juan Carlos Morales, del El Farito de Chiclana y presidente de la Asociación de Barmans de Cádiz y de la Asociación de Hostelería de Chiclana, explica que hay gente que ya sobreentiende que el servicio debe ser bueno sin necesidad de premio alguno. Maite López, secretaria de Acción Sindical y Empleo de Sindicato Provincial de Servicio de CCOO, apunta incluso otros factores, como el venirse arriba ante un grupo al que se quiere impresionar.

De María explica que los jóvenes ya no suelen dejar propina, mientras que Antonio Galindo, de La Divina de El Bosque, habla más bien de la actitud que de la edad: el que acude a su local en busca de una experiencia gastronómica que sabe apreciar deja más propina que el que entra por casualidad.

Mención aparte merecen los extranjeros: cuando existían las monedas nacionales europeas había más propinas. Lo explica Morales: a finales de los 80 y principios de los 90, era frecuente que un alemán abonara un café con dos marcos: El café valía 100 pesetas (mucho menos que en su país) y un marco equivalía a 88. El resultado era una propina del 80%. La llegada de la moneda europea acabó con los tiempos en los que un director de recursos humanos de Mallorca anunciaba a un futuro empleado 90.00o pesetas de suelo y 70.000 de propinas… y no se equivocaba.

Un camarero, en el momento de dar la cuenta a los clientes de la terraza.

El bote solidario

Una vez que se da la propina ¿qué se hace con ella? Maite López indica que no es algo que esté regulado en convenio, pero la costumbre manda y lo más frecuente es acordar que las propinas acaben en un bote que se reparte de forma equitativa entre todos los compañeros. Es decir, por mucho que la idea del cliente sea premiar a un trabajador en concreto, este cobrará lo mismo que sus compañeros. La idea, explica la sindicalista, es evitar agravios comparativos y también situaciones dudosas, como saber para quién debe ser la propina si quien termina de atender la mesa -y por tanto cobra- no es la misma persona que empezó a hacerlo.

Así, la costumbre es «solidarizar» una propina que, asegura, hoy en día no salva la nómina de ningún trabajador. «Las propinas buenas son puntuales; normalmente estamos hablando de un par de euros». «Que nadie espere comprarse una tele con la propina», explican desde el restaurante prestigioso. De hecho, la cosa está tan cortita que en una cafetería de la provincia de Cádiz han decidido llevar la «solidarización» de la propina un paso más allá. Maricarmen Naranjo, de la cafetería del Hospital Clínico de Puerto Real, explica que una vez dividido el bote entre ellos, las cantidades no eran significativas, por lo que prefirieron sumar: desde hace años lo donan a una ONG.

El dispar bote virtual

Hasta aquí, todo es sencillo: el cliente satisfecho deja su par de monedas, que van al bote. Y de ahí, se reparte entre el personal. Lo que complica las cosas es pagar de cualquier otra manera que no sea en efectivo. Porque aquí entran en el escenario dos actores más: la empresa y Hacienda. Y Hacienda llega pidiendo dinero. Si piden que te cobren en tarjeta 50 en lugar de los 48 que has consumido, las cuentas ya no cuadran y los dos euros pasan a tributar. En teoría, la empresa debería repartir esas propinas entre los trabajadores, señalando a Hacienda con nombres y apellidos cuánto les da a cada uno, y después ellos deberían pagar al fisco por lo percibido. Pagar por lo que muchos consideran una especie de donativo no entusiasma a nadie, a lo que se suma que el procedimiento no debe resultar ni muy claro ni muy cómodo: ningún hostelero de los que hemos consultado gestiona de igual manera las propinas virtuales, clara señal de que algo falla. Desde Redeo, una empresa que ofrece soluciones tecnológicas a los restaurantes, también hablan de que no tienen dos clientes que solucionen este tema de la misma manera.

Un cartel solicita el pago con tarjeta.

Están los que advierten contra las propinas electrónicas, como Juan Carlos Morales, porque asegura que pueden traer complicaciones con Hacienda. «Sé de gente que ha tenido problemas por esto», asegura. Raul Cueto, del grupo Cueto de Cádiz (Arsenio Manila, Musalima, Casa Angelita, Bebo Los Vientos y Nahu Beach) explica que en sus locales advierten a los clientes de que, si dejan propina con tarjeta, esta irá a parar a la empresa, porque no ve ninguna forma de hacerla llegar después a los trabajadores que no plantee problemas añadidos. Cueto es muy crítico con respecto a la normativa de Hacienda a este respecto, pide que se modifique y ya está planteando una herramienta tecnológica nueva que permita dejar propinas virtuales sin tantas historias.

La idea, explica, sería que la propina no pasara por la cuenta corriente de la empresa, sino que fuera a una diferente gestionada directamente por los trabajadores. Ahora mismo se plantea habilitar esta opción como un servicio postventa: al cliente, después de acudir a alguno de sus establecimientos, le llegaría una encuesta de satisfacción que traería consigo la posibilidad de dejar propina. Es algo parecido a lo que ya hacen aplicaciones de reparto a domicilio, sólo que en este caso el dinero iría directamente a los trabajadores.

Esto de que las propinas vaya a una cuenta diferente a la de la empresa no es nuevo; explica que en Estados Unidos, el cobro electrónico se hace en dos partes (la cuenta y la propina), que van a donde se indique. Desde Redeo, José Ramírez explica que cobrar las propinas en un cuenta que funcione a modo de bote colectivo se puede hacer, pero plantea otro problema ¿quién gestiona la cuenta corriente de los trabajadores? ¿Se les hace a todos titulares? Hay que tener en cuenta que estamos hablando de un sector con mucha rotación.

En esta empresa conileña llevan años instalando un sistema que permite contabilizar al detalle las propinas, que se quedan en caja hasta que llega el momento de repartir. Explican que todo queda claro y que también se impide que alguien sienta la tentación de quedarse con un bote que debería ser para todos. El software está más que comprobado y no da problemas con Hacienda, asegura: de hecho, han testificado en algún proceso legal de algún restaurante y «no ha habido problema alguno».

Reportaje: El restaurante 2.0 llega a Cádiz

Pero no es sólo cómo se contabilice, sino qué se hace después, y aquí hay modalidades para aburrir. Alberto Reyes, de 4 Estaciones de Vejer, explica que acepta las propinas con tarjeta, toma nota, abre la caja registradora, y coloca en el bote ‘real’ el importe de la propina. Es decir, que si un cliente al que se le presenta una cuenta de 48 euros pide que le cobren 50, saca de la caja 2 euros y los pone en el bote de las propinas. En La Divina de El Bosque hacen algo parecido: de cuando en cuando comprueban cuánto de más se ha cobrado (el importe correspondiente a las propinas) y se reparte en efectivo a los trabajadores.

Un cliente abona una cuenta en Casa Angelita de Cádiz, en una imagen de archivo.

Ambos reconocen que pueden hacer esto porque las propinas no son muchas. Por cada euro que entra en caja, pagan impuestos que no descuentan del bote. Alberto Reyes explica que en estos momentos, esa cuestión es la que menos le preocupa: «no es el momento de pensar en eso. Hay que hacer un esfuerzo, el equipo está pasándolo mal, trabajando incómodo, asumiendo riesgos y haciendo un esfuerzo monumental para que el cliente vea, pese a las mascarillas, que están intentando dar lo mejor de sí para atenderle. La fiscalidad de las propinas no es ahora mismo mi mayor problema».

Redeo explica que conocen de casos en los que la empresa no reparte el bote, sino que paga con ellos comidas de convivencia, y otros en los que las propinas llegan a las nóminas en forma de complemento salarial.

¿Y qué ha pasado con el coronavirus?

Pues el coronavirus está dando la puntilla a una costumbre que ya estaba de capa caída. «Las propinas se están perdiendo», asegura Juan Carlos Morales, el más pesimista de los entrevistados para hacer este reportaje. Esto es «un añadido más a todas estas malas circunstancias que nos rodean». Desde El Farito, reclama una campaña que anime a la gente a volver a disfrutar de un bar o un restaurante.

También ve una bajada Alberto Reyes. En el clínico de Puerto Real, donde muchos de los pagos siguen siendo en efectivo, no han visto ninguna diferencia entre las propinas de antes y las de ahora. Y desde La Divina, donde ya de antes la mayoría pagaba con tarjeta, tampoco perciben mucha variación.

Sí parece que se están viendo más tarjetas: hay gente que intenta evitar hasta el extremo el contacto en el pago. También, apunta Cueto, está influyendo la forma en la que se está realizando la desescalada: lo último en abrir es la barra, que es donde se suelen realizar más pagos en efectivo.

Entonces ¿qué hacemos?

«Hay que seguir haciendo lo que se esté acostumbrado a hacer; tomarse las cosas con naturalidad» explica Manuel Castillo, de la Asociación de Hostelería de Sevilla.

Y es que los hosteleros consultados explican que no hace falta demonizar las monedas: quien tenga la costumbre de dejar un par de eurillos en la bandejita, independientemente de cómo pague, puede seguir haciéndolo. Porque el dinero, y también el recipiente donde viene la cuenta, se desinfecta. Dentro de las precauciones para evitar contagios está el rociar las monedas y billetes, y las cajitas o bandejitas, con un spray antes de meterlo en la caja registradora.

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