Así es el atún rojo de almadraba, un verdadero atleta del mar capaz de moverse a 30 kilómetros por hora. Viven más de 30 años. Su vida se desarrolla en el Atlántico y se trasladan cada Primavera hasta el Mediterráneo para desovar

 

Allá por los comienzos de la Primavera, no sé sabe muy bien qué es lo que pone en marcha el mecanismo, señalan los científicos, los atunes viven su «momento almonteño». Ellos no saltan la reja, sino que deciden, en grupos, emprender viaje hacia el Mediterráneo para celebrar allí el apareamiento. El objetivo es estar en torno al mes de mayo en la zona comprendida entre las Baleares, el Sur de Italia y el Sur de Turquía.  Todo hay que ponerlo en términos relativos porque en torno al atún, aunque parezca raro, hay muchas incógnitas. Lo dicen dos expertos en su conocimiento, José Luis Varela, profesor del departamento de Biología de la Universidad de Cádiz e Ignacio Belmonte, un especialista en atunes de la empresa JC Mackinstoh, de Tarifa, y que fue el que trajo a la zona el Ikejime, una fórmula japonesa para sacrificar a los túnidos, reduciendo su sufrimiento y también aumentando la calidad de su carne. Varela lleva doce años estudiando la alimentación de los túnidos y trabajando en estrecha colaboración con Antonio Medina, catedrático del departamento de Biología de la Universidad de Cádiz y que lleva más de 20 años estudiando diversos aspectos sobre la biología del atún rojo.

Los atunes rojos, Thunnus Thynnus que es su nombre científico, recorren cada año miles de kilómetros para desovar. Lo hacen, principalmente a dos zonas, el Mediterráneo y el golfo de México.

El atún rojo es un auténtico atleta del mar. Su apariencia es la de un deportista de esos «cantuos» llenos de músculos y como embutidos en un traje de neopreno de color gris brillante. Los científicos resaltan que la anatomía del animal está pensada para ser muy «hidrodinámicos», navegar con rapidez. De hecho está entre los peces más veloces del mundo. Esto de la velocidad le sirve para su principal actividad, la caza, ya que es un pez muy voraz, que necesita mucho alimento para mantener su actividad. Siempre está en movimiento para mantener en estado de revista otra de las virtudes de su anatomía, un sistema que regula su temperatura interna y que le permite calentarse y aclimatarse a las aguas frías  sin problemas. Puede comer entre 2 y 6 kilos de comida al día, aunque este dato es muy relativo, señala el investigador José Luis Varela, ya que depende del peso del animal, de la temporada del año y del sitio donde viva. Comen de todo, cuando son adultos, especialmente otros peces y cefalópodos, pero tampoco le hacen ascos a los crustáceos.

Viaje en Primavera

El viaje que realizan en Primavera y no paran de nadar en ningún momento, tan sólo dejan de avanzar si ven algún alimento interesante. Vienen bien alimentados de la zona Atlántica y su principal preocupación es llegar al Mediterráneo en junio. La duración del viaje varía, en función de donde estén los peces, pero suele durar varias semanas. Su velocidad de crucero está en torno a los 6 kilómetros a la hora, aunque pueden llegar a alcanzar los 31 de velocidad punta según algunos estudios científicos.

Una parte de estos atunes terminará en las almadrabas que hay en la costa de Cádiz, pero los que sorteen este inconveniente llegarán hasta el Mediterráneo. Allí buscarán zonas poco habitadas  para que los huevos que ponen las hembras y que fencundan los machos no sean devoradas por los depredadores. Durante este tiempo los atunes comen muy poco, aprovechan la grasa que tienen acumulada de la sobrealimentacion de los meses anteriores. Centran toda sus energía en la reproducción de la especie y la mayoría de ellos, en julio comenzará el camino de vuelta hacia el Atlántico, eso sí, con bastantes kilos menos. Por eso son mucho más apreciados los atunes que se dirigen a desovar que los que vuelven.

100 millones de huevos

Cada hembra adulta es capaz de poner hasta 100 millones de huevos al año  que luego se transforman en larvas. Estas se alimentan de plancton marino e irán creciendo a un ritmo que le permite alcanzar los dos kilos de peso en el primer año de vida. Muchos animales mueren víctima de los depredadores, pero los que sobreviven no haría migraciones reproductoras (obviamente al no ser maduros), pero si pueden hacer migraciones tróficas (en búsqueda de alimento). Se han visto atunes juveniles (no maduros) que van desde el golfo de Vizcaya a la costa atlántica estadounidense.

Tras la puesta los atunes grandes salen directamente hacia el atlántico probablemente en búsqueda de alimento, mientras que los de menos de 40-60 kilos podrían quedarse en el mediterráneo alimentándose. Esto no quiere decir que en algún momento salgan hacia el Atlántico

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