La historia del famoso bocadillo de cachitos del bar El Gato de Chipiona, del que se han llegado a vender 500 en un día, comenzó en la década de los 60, cuando Antonio Martín, el fundador del establecimiento, aprovechaba los «rabitos» metiéndolos en pan.

 

José Antonio Martín Navarro, 32 años y nieto del fundador del establecimiento, tiene encima de la barra una máquina de esas que llevan los afiladores de cuchillos. La utiliza en varias ocasiones al día para que el cuchillo jamonero, su principal instrumento de trabajo, esté en forma y corte «los cachitos» a la perfección.

Sigue realizando la labor igual que su abuelo, Antonio Martín Bernal, a mano, partiendo a «cachitos» hasta siete tipos de chacinas diferentes que integran el tesoro de la casa, el bocadillo de cachitos.

El plato es original hasta en su forma de preparación, ya que se termina en una carmela, unas sartenes especiales para tostar el pan, que se introducen en la tostadora unos pocos segundos para que los trozos de chorizo, salchichón, panceta, butifarra, morcilla, caña de lomo y jamón ibérico «suden» un poquito y «le regalen» al pan tostao un ligero baño con su grasa.

Martín Navarro señala que «el secreto está en cortar las chacinas no a taquitos, sino a lonchas no muy finas, para que así luego sea más fácil de comer».

El bocadillo se calienta en una carmela, una sartén que se usa para tostar el pan. Foto: Cosasdecome.

El bocadillo de cachitos se ha convertido en un plato típico de Chipiona, es fácil encontrarlo en muchos bares de la localidad para desayunar, pero donde surgió fue en el restaurante El Gato, en la calle Pez Espada, donde lo inventó Antonio Martín Bernal, que a sus 79 años, todavía acude a diario a visitar a su nieto que regenta el negocio familiar y mantiene «intacto» el tesoro achacinado de la familia.

Antonio Martín puso en marcha en el año 1967 una pequeña tienda de ultramarinos. Venía del campo, pero se atrevió con lo del almacén. «Tenía buena mano para cortar el jamón y las chacinas», comenta. La historia surgió porque Antonio, cuando cortaba las chacinas iba guardando «los rabitos», la parte final de cada pieza. Luego los cortaba a pequeños trozos y se los daba a los clientes a probar con pan. La cosa gustaba, así que la gente empezó a pedir bocadillos «con los cachitos». «Al principio el pan no se tostaba, ni tampoco se calentaban las chacinas, pero aún así gustaban, pero cuando ya la cosa se convirtió en un éxito fue cuando pusimos el bar y empezamos a servirlos en pan tostado y las chacinas un poco calientes».

José Antonio Martin y su abuelo, el fundador del bar e inventor del bocadillo, posan con una ensaladera llena de «cachitos». Foto: Cosasdecome.

Antonio recuerda que «incluso nos trajeron una tostadora especial de Sevilla para que pudiéramos trabajar». Los Martín cuentan sin problemas los secretos de su afamado bocadillo. El ingrediente fundamental es el jamón ibérico que traen desde Cumbres Mayores y que ellos mismos cortan para los bocadillos. Del mismo sitio vienen la caña de lomo, el chorizo, el salchichón y la panceta ibérica que usan. Señalan que «de lo que más lleva es de salchichón, que es lo que le da un sabor más especial. También suele llevar «aunque no siempre» butifarra y morcilla que viene desde La Barca de la Florida. El pan lleva siendo el mismo desde hace muchos años, los «vienas» de la panadería de La Encarnación, de Chipiona.

El bocadillo de cachitos de El Gato. Foto: Cosasdecome

El pan se parte por la mitad y se pone en una carmela, con las chacinas al lado, no dentro. Todo se tuesta en esta especie de sartén que se mete dentro del tostador. Tras unos pocos segundos, lo justo para que el pan se caliente un poco y «suden» las chacinas, se saca y se ponen los trozos dentro del viena, que se cierra y se sirve inmediatamente.

Antonio y su nieto relatan que «este bocadillo nos ha dado muchas alegrías. Durante el Carnaval o en algunos días de Año Nuevo, cuando la gente venía de vuelta de los cotillones de fin de año, se han llegado a vender hasta 500 unidades». El local, que ha tenido diversas ampliaciones, tiene una barra bastante grande y luego dos comedores interiores, uno de ellos dedicado a la cantante Rocío Jurado, familiar de Antonio y que solía ir bastante al establecimiento. «Aquí venía ella, Pedro Carrasco y muchos artistas como Paco Gandía o el motorista Ángel Nieto. Nunca olvidaré un día en el que se paseó conmigo cantando por el bar».

El comedor dedicado a Rocío Jurado está lleno de recuerdos de la cantante. Foto: Cosasdecome

El local cuenta también con un patio en el que en verano funciona incluso una churrería, dada la demanda de desayunos que tienen.

Hoy en día el bocadillo de «cachitos» se ha convertido en un desayuno típico de Chipiona y ya se puede comer en muchos establecimientos, aunque José Antonio asegura «que nadie lo hace como nosotros».

El bocadillo también ha crecido en el propio restaurante y ya sirven variantes. Así lo sirven únicamente con trozos de jamón ibérico, otro al que se agrega chicharrones de los que se cortan a lonchas e incluso otro con un ingrediente más: queso.

También hay la versión para almuerzos, un revuelto que elaboran con los cachitos, patatas fritas y huevo. Al plato le ponen por encima un poco de pimentón.

El patio del restaurante El Gato. Foto: Cosasdecome

En Chipiona también se da otra variante de los cachitos, un bocadillo de «tortilla de escombros«, también con trozos de chacinas que ponen en el bar El Volapié, en la calle Isaac Peral.

José Antonio, al ser preguntado por los piropos recibidos durante todos estos años, se refiere risueño a unos clientes que nos decían «que el bocadillo de cachitos tenía que tener una estrella Michelín».

Horarios, localización, teléfono y más datos del restaurante El Gato, aquí.

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