Balbino Izquierdo ha sido uno de los padres de la explosión de la gastronomía sanluqueña. Siempre asequible y dispuesto a ayudar, no solamente era una persona a admirar como empresario, sino también una persona con la que disfrutabas tomándote una manzanilla acompañada con la joya bordada con camarones dorados que inventó la familia Izquierdo.

 

Sanlúcar es la única ciudad del mundo donde sus monumentos no son de piedra… son monumentos comestibles: Están las papas aliñás con melva de Barbiana, los langostinos cocidos de Casa Bigote, los picos de San Rafael, las tortas de aceite de Guerrero, la tarta helada de Toni, las “rondeñas” de La Rondeña… y las tortillitas de camarones de Balbino.

La plaza del Cabildo tiene ahora fama mundial. Cualquiera que venga a Sanlúcar tiene que pasar por sus bares y hacerse la foto comiéndose una tortillita de camarones de Balbino. Sin duda alguna, su pujanza y la de Bajo de Guía han tenido mucho que decir en lo de la consecución de la capital gastronómica de Sanlúcar.

Balbino Izquierdo Guzmán, que falleció la pasada semana, fue uno de los “orfebres”, junto a sus hermanos y sus esposas, que diseñaron este monumento “color dorado camarón”, un ejemplo de como puede llevarse la fritura al arte, un arte del que se llegan a moldear hasta 1000 versiones diarias.

Siempre he admirado a las personas que han sido capaces de construir algo desde la nada y los Izquierdo son de esas personas. Heredaron un ultramarinos, olieron como sólo saben oler las cosas la gente que tiene sentido común (el más poco común de los sentidos), que aquello de los almacenes tenía poco futuro, y fueron transformando su mostrador de chacinas y garbanzos en un bar que se ha convertido en uno de los iconos de una de las tendencias ahora mundiales en la gastronomía, comer de tapas, comer “a poquitos”, algo que hemos hecho aquí en Andalucía desde hace casi un siglo.

Los Izquierdo, como Juanito en Jerez, fueron de los pioneros en el mundo en idear “los menús degustación” cuando ni ellos sabían entonces que eso iba a existir. Porque comer de tapas, al fin y al cabo, es eso, un menú degustación… pero más baratito.

Balbino creo un modelo de bar singular, sin servicio en las mesas, pero con un excelente servicio al cliente y sabiendo siempre rodearse de gente que llevaba puesta la sonrisa y la amabilidad durante todo el día… nadie va a un bar a amargarse.

La familia Izquierdo, sin que se le haya reconocido mucho, ha creado un modelo de negocio de esos que debería ser estudiado en las universidades: Construir un monumento gastronómico partiendo de unos modestos bocadillos de choperpó.

Balbino Izquierdo ha sido uno de los padres de la explosión de la gastronomía sanluqueña. Siempre asequible y dispuesto a ayudar, no solamente era una persona a admirar como empresario, sino también una persona con la que disfrutabas tomándote una manzanilla acompañada con la joya bordada con camarones dorados que inventó la familia Izquierdo.

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