Cada año, Trebujena consigue hacer desaparecer los conejos de un guiso de conejo… sin que se note demasiado.

 

Hay un domingo de diciembre en el que Trebujena hace el milagro de cocinar el único guiso de conejo que no lleva conejo. Son los famosos garbanzos como conejo, una fiesta que en realizad se llama Concurso de Cocina y Mosto, que acaba de cumplir los cuarenta años, y que implica a buena parte de la villa.

Esta edición ha sido un poco atípica: en primer lugar, porque no se ha celebrado el primer domingo de diciembre como es habitual (lo que le hubiera hecho coincidir con las elecciones autonómicas) sino el siguiente, en pleno puente de La Inmaculada. En segundo, porque el ambiente ha sido más familiar, con menos gente de fuera del pueblo. Este año no han llegado los autobuses de pasajeros que -quizás algo confundidos sobre el funcionamiento del festejo y sobre lo que habían pagado al contratar el viaje- exigían a las peñas comida y bebida gratis. Así que gente de fuera había poca: los típicos moteros de terraza de venta dominguera y para de contar.

Aspecto del recinto ferial.

Aspecto del recinto ferial.

Es verdad que las peñas suelen invitar, aunque no es ni mucho menos una obligación. Vamos a ubicarnos. La fiesta se celebra en un escenario al aire libre, el recinto ferial, y otro cubierto, la Caseta Municipal. A ellos se accede bajando una pronunciada cuesta desde el centro de Trebujena que permite ver ya desde lejos, cómo humean las fogatas. Y es que la explanada se llena de hogueras. Se colocan dos barras dejando un amplio espacio central. A derecha y a izquierda, detrás de las barras, las peñas se afanan en hacer los garbanzos. Las peñas son grupos que se unen expresamente para participar en el concurso bajo una denominación, muchas veces chistosa. Habiendo un conejo de por medio, es fácil imaginar por dónde suele ir la cosa.

El Ayuntamiento de la localidad calcula que un millar de trebujeneros se afana en los preparativos del festejo, entre ellos los miembros de casi un centenar de peñas. No está nada mal, sobre todo considerando que el municipio tiene poco más de 7.000 habitantes. Por seguir con las cifras: este año se han empleado veinte mil kilos de leña, mil litros de mosto, unos doscientos cincuenta kilos de garbanzos y ciento cincuenta kilos de arroz que son destinados a las peñas concursantes y también al guiso que se ofrece en la barra situada en el interior de la caseta municipal.

Las peñas no sólo hacen los famosos garbanzos, un guiso que utiliza las especias para crear la ilusión de que hay carne por algún lado, sino otras elaboraciones como las patatas aliñadas o el inseparable compañero del mosto, el ajo caliente.  A quien se acerca por la barra, los peñitas le suelen obsequiar con alguna de las viandas disponibles y con un vasito de mosto. Los Trapos, ganadores del concurso del año pasado, incluso llegaron a disponer una especie de autoservicio de mosto: un garrafón de esos que se utilizan en los dispensadores de agua de las oficinas, con la boca hacia arriba, y un grifo de obra pegado con silicona a la base.

A lo largo de la mañana, los miembros del jurado se pasan por allí para ver que realmente el guiso se está haciendo in situ, que no viene preparado de casa. Mientras los garbanzos se ablandan, en el centro del espacioso pasillo central un dj armado con un camión cargado de altavoces decide que es hora de abandonar la rumba y arrancarse por electrolatino.

Decíamos que había dos espacios: la explanada y la carpa municipal. En esta también se puede probar mosto y garbanzo, y también ver qué ofrecen en un pequeño mercadillo con embutidos, quesos, miel, un vivero, artesanías… A la carpa, a las 14:30, llegará una representación de los peñistas para entregar al jurado una muestra de sus guisos. A esa hora, Trebujena también ha hecho un milagro con el sol, que ya no entiende ni de estaciones ni de solsticios y juega a prender el humeo de los garbanzos y a plantar santas aureolas en los gorros de los cocineros.

Una de las participantes hace entrega de los garbanzos de su peña.

Una de las participantes hace entrega de los garbanzos de su peña.

Muchos garbanzos más tarde y unos pocos de mostos después, llega el veredicto del jurado. Más bien habría que decir los veredictos, porque en la fiesta no escatiman en premios y nada más que de cocina hay diez. Los premios son obsequios del comercio local, y comprenden un variopinto surtido: trofeos, vinos, cervezas, picardías, “dos globos de mickey mouse de aquella mujer que está allí” -por la vendedora de globos, claro-, un gatito siamés o un “injerto de pelo en Turquía”, en palabras del presentador.

Confesamos que no tenemos ni idea de qué eran algunos de los premios, como las dos cajas de algo que sonaba a “biribiri”. Si alguien lo sabe, por favor, que lo ponga en comentarios. Lo que sí tenemos claro son los nombres de los ganadores: el cocinero Mayor de la Villa de Trebujena es Antonio Raposo y el mejor mosto 2018 el de Pedro Durán.

¿Quieres saber cómo se hacen los garbanzos como conejo? La receta, aquí.