El Restaurante Casino del Grupo Vélez en Cádiz propone volver a las cenas tranquilas e íntimas

Es el último de los proyectos del Grupo Vélez en el Casino Gaditano. Parte del edificio tiene ahora un uso hostelero que se concentra en la primera planta (salas para eventos) y en la baja. Desde hace tiempo, allí está funcionando el Bar Casino, un espacio más desenfadado con entrada desde la calle (Más información aquí). El puzzle se ha completado con la apertura de un espacio mucho más íntimo y tradicional, el Restaurante Casino.

Este espacio está situado al fondo del patio neomudéjar del edificio. Bajo una curiosa lámpara reciclada realizada por Arsenio Rodríguez se disponen las mesas; la más grande, para unas seis u ocho personas. Se trata de un espacio pequeño: no llega a la veintena de comensales.

La idea, explica Javier Vélez, es recrear la atmósfera de los antiguos restaurantes. El ambiente es tranquilo e íntimo. A la llegada, una copa da la bienvenida al restaurante y, a partir de ahí se busca que se “deje llevar”. También se recuperan ceremoniales como el corte de jamón delante del cliente.

En lo gastronómico, hay una carta que cambia tres veces al año pero que conserva algunos platos. Ya está disponible la segunda con la que cuenta el local, la de otoño 2017: se ofrecen una serie de entrantes: jamón, queso de la Sierra, langostinos o gambas, micuit de foie casero, pulpo a la plancha con fondo de humus de berenjenas y alioli de erizos, ortiguillas fritas algecireñas, gambones y salicornia al ajillo con cintas de calabacín y zanahorias, tosta de jamón con foie en pan de torrija y chips de chocos acompañados de alioli de wakame.

Después, la carta se vuelve verde: ensalada de espinacas y remolacha, brotes con langostinos y kimchi y ensalada de wakame y agar-agar con langostinos. Hay una selección de crudos y macerados: atún rojo y ajo blanco de coco, salmón noruego y aguacate, gambas blancas en carpaccio, carpaccio de ternera retinta y tataki de atún rojo en tempura envuelto en alga nori.

En guisos continúan el ‘puchero de mi madre’, la berza gitana con su pringá y los garbanzos con menudo y un toque de hierbabuena. En pescados, un risotto de gambas y setas con anacardos, el lomo de merluza rebozada con pisto de verduras de Conil, choco de trasmallo en tempura negra, zarzuela de rape y bogavante, corvina a la plancha y cinta de pasta fresca con chocos en su tinta.

El carnes hay carrillada ibérica en su jugo y puré de boniato, cochinillo lechal deshuesado y cocinado a baja temperatura,  solomillo de ternera con salsa de trufa y setas, paletilla de cordero lechal con ajos morados y vinagre de Jerez, y secreto ibérico a la parrilla con reducción de rosado de la tierra y frutos rojos, con patatas de Sanlúcar.

Menús degustación

También hay menús degustación, con y sin maridaje (55 y 40 euros, respectivamente). Comienzan con una degustación de aceites, para pasar después a la paleta ibérica de bellota, carpaccio de gambas blancas, salmorejo exótico (con mango), brotes con langostinos y kimchi, ventresca de atún rojo, lomo de retinto con mantequilla al romero, peras al vino macabeo en salsa de gorgonzola y trufas de chocolate de cuba con lima y miel de la Sierra.

Además, hay sugerencias fuera de carta, tanto de salados como de postres, para renovar la oferta.

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