La Quilla acoge una demostración de la Putxera ferroviaria, un artilugio creado por los trabajadores de los trenes y que les permitía comer caliente en los trayectos largos.

 

Si expulsa vapor, funciona gracias al carbón, es ferroviario y hace chacachá puede ser un tren antiguo… o un marmitako haciéndose  a la vera de la playa de La Caleta en una putxera, una olla inventada por los trabajadores de los trenes que querían comer caliente durante los 335 kilómetros de recorrido por vía estrecha del tren de La Robla. Los ingredientes eran un casco de metal, carbón… y un añadido inesperado: el vaiven del tren, que imprimía una textura singular al guiso.

En el largo recorrido, al invento le da tiempo hasta de cambiar de nombre. En parte castellana (La Robla está en León) es la olla ferroviaria. Llegando al otro extremo, a Bilbao, es la putxera. Con uno u otro nombre, conseguía dar de comer legumbres o lo que hubiera a los trabajadores de este tren inicialmente carbonero.

Pedro María, en plena elaboración del guiso.

Pedro María, en plena elaboración del guiso.

Actualmente, como es lógico, los ferroviarios no necesitan de esta olla, pero la tradición ha quedado. En el norte hay hasta concursos, y restaurantes que se precian de guisar en ella. Menos vistas están aquí en el sur, aunque también es posible ver alguna (en la terraza de El Aljibe, en la calle Plocia de Cádiz, funciona una desde hace años). De hecho, entre los poseedores de estos cacharros estaban José Antonio Mena y Pilar Aguaviva, los autores del blog Tubal (ver aquí). Ellos son colaboradores habituales del Canal Cocina, y fue en uno de los viajes para este canal especializado cuando se encontraron con los hermanos Pedro María y Antonio Burgos, del Asador Victoria (La Casa de la Putxera), que han continuado con la tradición de elaborar las putxera y las tienen a la venta en una variedad de modelos y de tamaño, desde las individuales hasta las que son capaces de elaborar guisos para 24 personas. Los hermanos se sorprendieron al saber de la existencia de estas ollas en Cádiz, hablaron… y aquello acabó con la promesa de una visita a Cádiz para hacer una demostración de la olla.

La promesa se ha materializado en agosto, y en ‘casa’ de Rafael Machuca, ferroviario y de familia de ferroviarios durante generaciones, que regenta junto a Maribel Téllez Quilla (más datos aquí) a escasos metros de la playa de La Caleta. Así que el 14 de agosto frente al establecimiento se colocó una carpa, unas cuantas ollas ferroviarias, y Pedro Manuel -que ha ganado varios certámenes de putxeras- se puso manos a la obra para demostrar cómo funcionaba aquello. El aparato es bastante versátil, puesto que además de hacerse el guiso en la cazoleta que tiene en el interior, se puede utilizar después una parte plana superior como barbacoa. Aunque se pueden elaborar multitud de recetas, los organizadores apostaron por un marmitako, aunque sustituyendo el bonito por el atún rojo de almadraba de Petaca Chico. Los vinos corrieron a cargo de Raúl Villabrille y Balandro Vinos, y las verduras ecológicas que se hicieron en la olla pero en modo parrilla, de los conileños de Malas Jierbas.

La putxera, en 'modo' parrilla.

La putxera, en ‘modo’ parrilla.

Así, con el chacachá del tren marmitako, llegó la olla ferroviaria a la playa de La Caleta, tan en punto como el atún que salió de esa olla. La siguiente estación: San Fernando, Los Barriles, donde la putxera hizo su entrada el día siguiente.

El marmitako, con el destello del faro de San Sebastián al fondo.

El marmitako, con el destello del faro de San Sebastián al fondo.

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