Se trata de un blanco de mesa elaborado con palomino al que seguirá un vermú hecho con moscatel o un semidulce, todo ello en colaboración con la Universidad gaditana.
Se llama Pinar de María y es un vino blanco de mesa. También el inicio de «una nueva andadura de la Cooperativa de Chiclana apostando por la producción de vinos de calidad», explica Víctor Palacios, investigador de la Universidad de Cádiz y especialista en vinos.
Y es que la Cooperativa Unión de Viticultores de Chiclana cuenta con el asesoramiento de la Universidad de Cádiz en esta nueva etapa. De su mano ha surgido ya este primer vino, tras un año de trabajo. La idea era dejar expresarse a la uva palomino (la variedad más frecuente en el Marco) seleccionada entre pagos de albariza. El clima del año, 2025, ayudó a conseguir un buen resultado. La vinificación fue cuidadosa, en depósitos de acero inoxidable y empleando levaduras seleccionadas y recursos tecnológicos en pos de la calidad del resultado final; para el cierre se ha elegido la rosca en lugar del tradicional corcho. El vino, sin fortificar, intenta alejarse del tradicional mosto de la zona que tenía como destino continuar su crianza en las bodegas jerezanas, para convertirse en un digno representante de los pagos de la localidad, en un vino de mesa «que cree identidad». De ahí que se haya querido utilizar como nombre el de un pago existente, el Pinar de María.
Este vino, explica José Reyes, presidente de la Cooperativa, está disponible en su Despacho a un precio de 7,80 euros, y pronto estarán disponibles más puntos de venta. También saldrá dentro de pocos días otro nuevo producto, un vermú. Se llamará Flor de Levante y estará hecho enteramente con uva moscatel, otra seña de identidad de los viñedos de Chiclana. Es, explica Víctor Palacios, ligero, cítrico y floral, fresco y jóvenes, «fantástico en boca».
Será el único de los nuevos productos de la Cooperativa que no tenga por nombre un pago chiclanero: está próximo a salir Matasueño, un vino de crianza biológica que no llega a amontillarse, pero casi, y que no se fortifica. El nombre del pago tiene su historia. Hay uno que se llama el pago de Bilbao por lo lejos que estaba del centro de la localidad, que obligaba a ir en mulo. Pues bien, un asidonense Luis Sánchez (al que llamaban Luis Carrizo) el abuelo de uno de los actuales cooperativistas, compró otro más lejos aún, y la gente le decía que le iba a quitar el sueño por lo mucho que tendría que madrugar para llegar hasta él. Matasueños también ha desvelado muchos días a Palacios, explica, por la fragilidad que confería el calor al velo de flor de las botas situadas en el cuarto piso de una andana de Fino. Pero finalmente, el resultado ha sido un vino que parece situarse a medio camino entre las dos crianzas tradicionales del Marco, la biológica, que le da un sabor fresco y salino de Fino en boca, y la oxidativa, de la que toma el olor. Es como un fino añejo, define.
Entre las próximas novedades también está un semidulce, Almoradú, aunque los detalles ya se irán conociendo próximamente.
La Cooperativa también cuenta entre su gama de productos, desde hace poco, con un frizante. Más información aquí.
La cooperativa
La actual Sociedad Cooperativa Andaluza Unión de Viticultores Chiclaneros es heredera de una larga tradición cooperativista que tuvo su primera experiencia en Chiclana con la Colonia Vitivinícola de Campano, creada en 1884 por Manuel José Bertemati, explica la entidad en su página web. El sueño utópico del Marqués de Bertemati acabó con la filoxera, detectada en Chiclana en 1897 y que extinguió prácticamente todo el viñedo. En 1914, cuando aún la economía chiclanera –dependiente exclusivamente de la viticultura– se resentía de la filoxera, el padre Salado fundó el Sindicato de Obreros Viticultores, que tuvo una pequeña bodega en su sede de la calle Arroyuelo, 9. En 1956, en el apogeo de la exportación en el Marco de Jerez, un grupo de viñistas crea la Bodega Cooperativa del Campo San Juan Bautista, destinada básicamente a la venta de mostos, con sede en la calle Santísima Trinidad. En 1962, el sindicato del Padre Salado –que entonces tenía 300 afiliados–votó mayoritariamente su integración en la nueva Bodega Cooperativa. En 1975, ya en sus nuevas instalaciones de la Avenida Reyes Católicos, contaba con 684 socios y vendimiaba 13 millones de kilos de uva, cifra que se mantuvo estable prácticamente hasta 1982. San Juan Bautista llegó a ser la mayor cooperativa vitivinícola de la provincia de Cádiz con más de mil socios y unas 1.200 hectáreas de viñas, ejemplo del tradicional minifundismo del viñedo en Chiclana.
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