La churrera, que regenta junto a sus dos hijas, la churrería La Merced de Rota, comenzó en 2010 a teñir de colores el azúcar que acompaña a sus frituras
Fue allá por el año 2010 cuando en la madrugá del Viernes Santo y para rendir homenaje al Nazareno de Rota decidieron teñir de morado el azúcar con el que acompañan sus churros.
Lucía Sánchez sigue al pie del cañón a sus 62 años. Comenzó muy jovencita. Tenía tan solo 13 años cuando empezó a ayudar a su padre, Paco Sánchez, conocido en Rotal como Paco El Aguila», porque repartía esta marca de cervezas. Cuando era una adolescente ya sabía hacer las masas de los gordos y de los finos y lo que era aún más dificil de ver, era capaz de ponerse ella misma con el perol, echando la masa y friéndola, labores que entonces, e incluso ahora, son difíciles de ver en una churrería ya que lo tradicional en este tipo de establecimientos es que el hombre se dedique a freir los churros y la mujer a despacharlos.

Exterior de la churrería La Merced de Rota. Foto: Cosasdecome.
Pero Lucía siempre ha sido una pionera, primero elaborando los churros ella misma y luego cuando innovó poniéndole colores al azúcar que acompañaba a los churros, mucho antes de la moda que hay ahora de ponerle adornos a los finos y los gordos.
Ahora, en el mostrador, donde despachan sus churros junto al mercado de abastos de La Merced de Rota, tienen varios tarros de cristal con azúcar de varios colores para poder condimentar con ella los finos y los gordos. «Le gusta mucho a los niños y por eso lo hacemos».
El azúcar la tiñen de colores con unos tintes alimenticios que compran en la tienda de «Megasilvita«, otra roteña pionera en el mundo de las tartas decoradas. Solo aportan color y el azúcar sigue teniendo el mismo sabor. Si tienen un azúcar mezclada con canela, que esa si da un sabor especial.

Los tarros con el azúcar de colores. Foto: Cosasdecome.
A Lucía le ayudan en el negocio sus dos hijas, Lucía y María Arjona Sánchez, de 38 y 37 años respectivamente. Ahora, en verano, abren todo los días por la mañana desde las ocho y hasta las doce. Desde el mostrador puede verse como madre e hijas elaboran los churros en el perol que tienen en su pequeña tienda situada junto al mercado de la Merced.
Los churros los venden al peso (10 euros el kilo) y los sirven en los tradicionales cartuchos de papel de estraza. Para acompañar tienen tanto café como chocolate. Este último lo traen de El Viso del Alcor. La fritura la despachan para llevar y también se pueden tomar en un par de mesas altas que tienen junto al establecimiento y, sobre todo, en el patio del mercado de abastos donde el público se puede sentar a tomarse el desayuno.

El despacho de churros. Foto: Cosasdecome.
En invierno solo abren los fines de semana, sábados y domingos por la mañana «ya que mis hijas trabajan y es el único momento en que pueden venir a ayudarme».
María, una de las hijas de Lucía, destaca «que hacemos un producto completamente artesanal. La masa se elabora aquí a diario. Cada día van quedando menos churrerías que lo hacen y es una lástima».
Horarios, localización, teléfono y más datos de la churrería La Merced, aquí.
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