Paco Sánchez «El Aguila» abrió una especie de abacería donde también hacía churros en 1968. Al proyecto, todavía adolescente, se uniría su hija Lucía que ha seguido el negocio ocupándose incluso de hacer la masa y freirla. Ahora también participan dos hijas de Lucía, Lucía y María, que ayudan a su madre en el proyecto.
Se trata de una churrería tradicional. Ofrecen churros tanto de los gordos como de los finos que se pueden acompañar con chocolate caliente o café. Los venden en cartuchos de papel de estraza tanto para llevar como para comerlos en las mesas que hay en el patio del mercado de la merced, situado a unos metros. Como curiosidad, para acompañar a los churros tienen azúcar tintado de varios colores.
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