De la unión de tres hosteleros de la capital gaditana surge Piddy Delivery, una nueva plataforma que se abre ahora a otros establecimientos.

 

El Grupo Arsenio Manila, Musalima y Tataki Sushi Bar son los tres establecimientos impulsores de Piddy Delivery, una nueva plataforma de reparto a domicilio con sello gaditano y otra forma de hacer las cosas.

Casi todos estas empresas ya tenían experiencia con los grandes nombres del sector, especialmente Tataki, que es la que antes implantó el servicio a domicilio. Y conocen bien sus ventajas… pero también sus inconvenientes. Así que decidieron que era el momento de crear su propio canal de venta y reparto.

Alejandro Aragón (Musalima), Manuel Espinosa (Tataki) y Raúl Cueto se muestran muy preocupados por una cuestión que suele pasar desapercibida: los datos. Un restaurante que trabaje con Uber (por ejemplo) desconoce dónde van sus pedidos. Sirve a ciegas a sus clientes, de los que no sabe nada. Pero quien sí está recopilando toda esta valiosa información sobre los hábitos de consumo es la plataforma: qué se consume, dónde y cuándo.

Así que, en Piddy, la información es del restaurante, que será quien decida qué datos comparte y cuáles no.  Es el primer rasgo de una empresa que también se distingue por el uso de motos eléctricas, un formato más ecológico y menos ruidoso. El ruido de las motos de los repartidores a la puerta de los establecimientos suele ser un motivo de queja habitual de los vecinos, por lo que han decidido adelantarse al problema y llegar a un acuerdo con la empresa Muving, que tiene una flota de motos eléctricas de alquiler en la capital gaditana.

Otra diferencia está en los repartidores, que son trabajadores por cuenta ajena, contratados por la plataforma, para evitar así la problemática laboral surgida ante la situación de los riders autónomos. Estos repartidores cuentan con un uniforme y su presencia es importante, ya que no se les considera tanto repartidores como «camareros de exterior«. A los que ya circulan por Cádiz es fácil distinguirlos por el llamativo color fucsia corporativo.

Piddy, en Musalima. Arriba, los repartidores con Manuel Espinosa a las puertas de Tataky.

Un detalle curioso es que estos «camareros de exterior» llevan un taburete. No entregan el pedido en mano, sino que lo depositan en el pequeño taburete para poder guardar la distancia de seguridad como medida de prevención ante la pandemia.

La empresa lleva ya varias semanas prestando servicio a los restaurantes fundacionales a modo de prueba; ahora está abriendo las puertas a otros establecimientos que estén interesados. Apunta Cueto que esta plataforma salva la dificultad que tienen los pequeños establecimientos para ofrecer un servicio de reparto por su cuenta. Además, estará disponible si así lo quieren sólo para una ocasión especial: por ejemplo, una pastelería podría usar el servicio sólo en días señalados, como el Día de Reyes, y ofrecer como único producto el roscón si así lo quisiera.

Aragón explica que ya hay algunos establecimientos que les han pedido información tras ver a los conductores en la calle, lo que atribuye a un descontento con las plataformas que dominan actualmente el sector.

Los socios están convencidos de las ventajas de su fórmula: vehículos sostenibles con mínimo impacto, personal uniformado y asalariado, buena presencia… la idea es que el servicio esté en consonancia con el menú que se entrega en la puerta, que en la actualidad puede ser comida rápida… o un menú de restaurante de 60 euros.

Explica Manuel Espinosa que los restaurantes ya pueden ponerse en contacto con ellos; para ello tienen que acceder al correo piddydelivery@gmail.com.

Actualmente se está desarrollando la página web  y en un mes estará lista la plataforma que permitirá hacer los pedidos a través de internet, que se encargará de agilizar el trabajo. La parte ‘digital’ del proyecto es importante y ambiciosa, ya que pretende convertirse en una especie de mercado digital donde se puedan ver cartas de restaurantes, pero también exponer productos determinados. Además, la plataforma ayudará a la digitalización de los restaurantes.

Cuando Piddy termine su implantación en Cádiz se podrá analizar si se traslada a otras poblaciones, aunque primero prefieren ser cautos y «ver los números» correspondientes a la implantación en la capital.

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