Una de sus peculiaridades es la de incluir una variedad de uva de mesa y proceder de los viñedos más altos de Cádiz. En su tercer año de producción, alcanza el millar de botellas.

 

Grazalema tiene una tradición vinícola centenaria. Un documento de 1720 (el Catastro de Ensenada) ya hablaba del vino excepcional de la zona, pero hasta hace unos años, cuando algún visitante quería probar un vino de la localidad, no había qué ofrecerle; se seguían haciendo, pero para autoconsumo. Ángel Luis Gutiérrez Nieto lleva toda la vida dedicado a la hostelería y ha vivido esa escena muchas veces. Así que se propuso recuperar la comercialización del vino grazalemeño.

Las cepas, explican, siguen ahí. Él mismo contaba con viñas de sus padres, y ha ido ampliando su viñedo adquiriendo los de los vecinos hasta conseguir la hectárea que tiene actualmente. En 2017 produjo sus primeras botellas de Terrajo, un vino hecho con las variedades Zalema, Beba y Perruna. Explica Gutiérrez que Beba es una variedad empleada para uva de mesa, pero también la están pisando. Las variedades tienen diferentes puntos de maduración, pero juntas «se complementan», explica y hacen que sea un vino «muy bueno y distinto». «Tiene matices muy distintos a lo que se ve en el mercado», asegura. Cada año han ido produciendo algo más, hasta llegar a las mil botellas actuales.

Así, Terrajo es un vino blanco, elaborado de manera manual con uvas procedentes de vidueños autóctonos, de las cepas centenarias que aún a día de hoy se conservan en la zona conocida como los Terrazgos, en el centro del Parque Natural Sierra de Grazalema, las más altas de la provincia de Cádiz. El vino no ha sido filtrado ni clarificado. Según la nota de cata, «de color dorado y brillante en nariz, presenta matices de fruta blanca como manzana y pera, y notas almendradas. En boca su entrada es agradable, franca, con una acidez agradable que resalta su sabor frutal. Fiel reflejo de las viñas históricas de Grazalema». Su autor recomienda tomarlo con arroces, mariscos, unas buenas chacinas de la Sierra o buen jamón de pata negra.

«Llegar hasta nuestros días con este producto vivo es casi un milagro que se debe en buena parte a la labor de los antepasados (terrajeros), de los grazalemeños y muy especialmente de los amantes de la elaboración del vino, mi padre Blas Gutierrez y Curro el Pasaita, de los que hemos heredado las tierras y la afición por su elaboración», explica.

Dónde se puede comprar

Con una producción mayor que la de los primeros años, ahora es más fácil probar este vino. En Grazalema lo venden en Eroski, la tienda Sabores y se puede probar en Casa Martín, en Cádiz Chico o La Maroma. En Jerez se puede probar en los restaurantes Mantúa y La Carboná.

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