Weisshorn, un original restaurante de Sanlúcar especializado en cocina del Norte de Africa, ofrece una singular oferta basada en la calidez de un establecimiento familiar en el que ellos mismos elaboran hasta el pan o fabrican los platos en los que se sirve la comida

 

Cuando entras tienes la sensación de estar en el salón de una casa…pero no es sólo una sensación, Roberto Payá y María Eugenia Rodríguez decidieron hace tres años convertir el patio de su domicilio, situado en el casco antiguo de Sanlúcar, junto a las bodegas de Barbadillo, en un despacho de vinos, una especie de pequeña tabernita en la que vender vinos de barril y un mosto rosado que Roberto trae de Constantina de Sevilla, y que sigue siendo el vino de la casa, el que proponen para acompañar una cocina que definen como «andalusí, porque es una mezcla del Norte de Africa y lo que hacemos por aquí» afirma María Eugenia Rodríguez.

Apenas hay nueve mesas dispuestas en dos salones. Unas telas de ambientación oriental cuelgan de los pretiles del primer piso. Un gran ojo patio permite que entre la luz natural. En las paredes hay pinturas que ha hecho la propia María Eugenia. Impresiona la de una mujer con la cara cubierta pero que deja al descubierto unos preciosos ojos celestes.

Las mesas están cubiertas con manteles de ule de inspiración oriental, excepto una, imponente, cuya parte superior está apoyada en un gran portón de madera antigua. Suena música de fondo, suave.

Vista del comedor de. Foto: Cosasdecome

Vista del comedor de Weishorm. Foto: Cosasdecome

Nada es convencional en Weishorm…ni el nombre. Lo de Weishorm es nombre de barco. En Sanlúcar lo conocen como el barco del arró. Así se llama un pecio que se deja todavía ver en el Guadalquivir. Llegó con un cargamento de arroz con destino a Sevilla. El buque encalló frente a Chipiona. El cargamento de arroz se infló y el barco se quedó a vivir aquí…las cosas de los barcos.

La silueta del barco del arroz sirve también de inspiración de la fachada del local, que quizás te haga suponer que dentro hay una especie de pub inglés, pero no, lo que hay es un restaurante que pone pastelas, briouats o té para terminar el almuerzo.

Vista exterior del establecimiento. Foto: Cosasdecome

Vista exterior del establecimiento. Foto: Cosasdecome

Roberto y María Eugenia tampoco van vestidos a la usanza de los camareros y cocineros. El va vestido como de calle y ella luce un uniforme negro con un medallón de «Luciferi» la ginebra que ha lanzado Roberto…porque los Payá Rodríguez también se dedican a eso a elaborar y comercializar ginebra propia, Luciferi

María Eugenia explica su carta como la que explica las cosas que han hecho sus hijos en el colegio. Cuando describe cada uno de sus platos parece que los está paladeando. Se le nota la pasión por su trabajo. La llamada de los fogones la sintió joven, hace ya más de 20 años. Le gustaba la cocina marroquí y leer, no sólo de cocina, sino novela histórica. Un día había invitados en casa y se atrevió a ponerles los platos de inspiración árabe que había practicado en casa. Los invitados disfrutaron como nunca y ahí empezó la historia. Llegó a poner un negocio de despedidas de solteras en el que la gran atracción era una cena con platos marroquies. Al final lo dejó y estuvo 10 años como teleoperadora. Pero el matrimonio decidió romper con todo, el en Correos y ella su trabajo, y poner en marcha el negocio familiar que comenzó como pequeña taberna y que ha acabado convirtiéndose en restaurante.

Todos los platos de María Eugenia son como tiernos, discretos, de sabores suaves. Tiene especial cuidado en utilizar las especias para que no se alejen demasiado «de lo que gusta aquí. Por eso hablo de comida andalusí, porque mis platos tienen raices del Norte de Africa pero yo los adapto un poco a nuestros gustos». Ahí está el éxito de Weisshorn, en ofrecer una cocina sin complicaciones, entendible para todos los públicos.

El máximo exponente de esta unión de lo de allí con lo de aquí se alcanza en unas «apucheradas» croquetas de pastela marroquí. Digo lo de apucheradas porque tienen la textura de una croqueta del puchero, de esas de las de tu madre, de las de almuerzo calentito cuando volvías del colegio. Pero luego llevan un singular juego de especias que las hace muy personales.

La croqueta de pastela se sirve con couscous y una especie de mayonesa especiada muy suave. Foto: Cosasdecome

La croqueta de pastela se sirve con couscous y una especie de mayonesa especiada muy suave. Foto: Cosasdecome

El seguno plato «sanluqueñeado» son los briouats,  la versión marroquí de la empanadilla. María Eugenia rellena unos triangulos crujientes de pasta filo con unos langostinos de Sanlúcar que forman parte de un relleno también con un elegante juego de especias. Para acompañar pone unas tiras de zanahoria que llevan varias especias y en la que se deja ver el refrescante toque del jengibre.

En la casa triunfa la pastela, que traducido resulta la empanada en versión Norte de Africa. La esponjosa masa gallega se cambia por una hojaldrada y crujiente masa realizada con pasta filo. Por fuera lleva su toque de canela y por dentro no le falta el toque de laurel o el del agua de azahar. Los precios están muy cuidados. La pastela sale por seis euros y los aperitivos como las croquetas o los briouats a 1,25 la unidad.

El plato más caro de la carta es un couscous de cordero que sale a 10 euros y yo diría que para una persona la ración es de plato único. María Eugenia elabora hasta el pan, unos panes al estilo marroqui, que recuerdan a los molletes pero con una masa más contundente.

El cordero. Foto: Cosasdecome

El cordero. Foto: Cosasdecome

Hay también hummus, ensalada taboulé con couscous y verduras o Baba Ganoush, una crema de berenjenas. Se puede encargar también un tajin, un guiso típico marroquí. Para cuatro o seis personas sale a 25 euros.

La originalidad llega hasta las bebidas. Como vino de la casa tienen un mosto «colorao», un vino que traen desde las bodega Fuente Fría de Constantina (Sevilla) y del que enamoró Roberto hace unos años. En el postre sirven también el té hecho a la manera marroquí, muy dulce y bien caliente. Para acompañar la versión de la tarta de zanahorias de María Eugenia o un pastel con chocolate y plátano.

María Eugenia y Roberto Paya en el comedor de su establecimiento que está decorado con pinturas realizadas por la propia María Eugenia. Foto: Cosasdecome

María Eugenia Rodríguez y Roberto Paya en el comedor de su establecimiento que está decorado con pinturas realizadas por la propia María Eugenia. Foto: Cosasdecome

El local que abrió casi por casualidad, porque la gente empezó a pedir comidas con las tapitas de cocina marroquí que ponían en la taberna, va camino de consolidarse con un mimo que hace que ellos mismos elaboren algunos de los platos de la vajilla, aprovechando así la afición de María Eugenia por la cerámica.

Comenzaron abriendo tan sólo por encargo, pero ya abren sus puertas todos los fines de semana, de viernes a domingos, tanto para almuerzos como para cenas y en verano todas las noches.

Horarios, localización, teléfono y más datos de Weisshorn, aquí.

El pan lo elaboran ellos mismos y lo sirven sobre unos cuencos realizados también por María Eugenia. Foto: Cosasdecome

El pan lo elaboran ellos mismos y lo sirven sobre unos cuencos realizados también por María Eugenia. Foto: Cosasdecome

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