Repasamos la historia de las obleas más populares en España: la de La Cocinera.

 

¿Quién inventó la empanadilla? La receta es de las antiguas. Muy antigua. Pepe Iglesias, en Enciclopedia de Gastronomía, aborda este asunto: «Las empanadillas, glorioso invento de la Humanidad cuyos orígenes se sitúan en la cultura hebrea antigua o incluso la hindú (el autor recuerda las burekas, filikas y samosas), es hoy día seña de identidad de algunas de esas sabrosas cocinas hispanas», entre las que cita la argentina. Las burekas y las filikas son unas empanadillas de origen sefardí. Las primeras van asadas, y las segundas, fritas. Las samosas nos suenan más: son las empanadillas indias que no faltan en las cartas de los restaurantes hindúes.

Todas tienen algo en común: son discos de masa cruda rellenos y cocinados (fritos u horneados). La masa no es difícil de realizar (aquí puedes ver una receta), pero si te la dan hecha, mejor. Y aquí surge la combinación perfecta para la cocina casera del salir del paso: un relleno que puede ser de aprovechamiento de cualquier cosa, y una masa ya hecha. Fácil, rápido y barato. Así, se explica que el principal comercializador de las obleas, La Cocinera, convirtiera sus paquetes de 16 obleas en su producto emblemático.

La empresa con la que siempre relacionamos las empanadillas abrió sus puertas en los años 60 en Torrejón de Ardoz. En su origen fue una empresa familiar, en manos de una familia de Guadalajara, que empleaba recetas caseras para realizar sus productos. La historia la rescatamos de un trabajo de Ana María Rivas Rivas que aborda el proceso de deslocalización en la firma en el año 2001, cuando trasladó su centro de producción a Valladolid.

La Cocinera fue fundada en 1965 (el nombre de la empresa era Iturbe y Santos, Sociedad Anónima) por los hermanos Iturbe,  originarios de Guadalajara, «y se especializó desde el primer momento en precocinados (empanadillas, calamares, croquetas…) ocupando a una plantilla de 490 trabajadores, en su mayoría mujeres, que realizaban manualmente su trabajo utilizando recetas caseras, lo que elevó la calidad del producto según los trabajadores y trabajadoras entrevistados. Pese a la introducción de maquinaria y la diversificación en otros productos ultracongelados (lasaña, canelones), la marca fue ascendiendo hasta ocupar el primer puesto en el mercado nacional de precocinados, manteniendo su calidad basada en el uso de «recetas caseras»», explica.

En la empresa, las mujeres se encargaban de la parte manual, mientras que sus compañeros se dedicaban a la organización y maquinaria. Los trabajadores que entrevistó Rivas recuerdan los tiempos de Torrejón de Ardoz con orgullo: «Yo siempre lo he dicho cuando me han preguntao ´¿y La Cocinera qué tal?`, digo mira yo se lo doy a comer a mis hijos y me la como yo…»  le explicaba una trabajadora.

Hoy en día, las obleas se siguen vendiendo, aunque la empresa ha dejado de ser una empresa familiar hace mucho. En 1987, ante la necesidad de ampliar el capital para acometer inversiones, los Iturbe vendieron a la multinacional norteamericana General Mills, S.A. el 51% del capital y en 1990 el resto hasta quedarse con el 100% de la propiedad. Los americanos, recordaba después una trabajadora que había pertenecido al comité de empresa, entraron en el negocio con cautela: si en dos años no le veían color a la empresa, devolverían las acciones a los hermanos. Pero sí que vieron que era buen negocio, y con el tiempo acabaron quedándose con todo.

Así, la empresa familiar pasó a convertirse en 1990 en propiedad de una multinacional americana. Sólo un año después pasó a manos de la francesa Danone, y en el 99 llegó a manos del Grupo Nestlé. Este grupo vendió parte de la empresa a Findus, pero se quedó con la división que se encarga de las obleas, que ahora se comercializan bajo la marca Buittoni con un envase que preserva la imagen del histórico.

Rivas lo explica de esta manera en su trabajo (que se puede ver completo aquí): «La historia de La Cocinera representa uno de tantos casos de empresas familiares que después de conseguir un producto y una marca de calidad, y de ocupar el primer puesto en el mercado nacional, han sido sucesivamente absorbidas por multinacionales, interesadas más por la marca y la eliminación de la competencia que por la calidad del producto. Paradigma de este tipo de estrategias monopolísticas ha sido el Grupo Nestlé, primero en el ranking de grupos alimentarios a escala europea y mundial».

I Concurso Mundial de Relleno de Empanadillas

La historia de estas míticas obleas viene al hilo de la convocatoria del I Concurso Mundial de Relleno de Empanadillas convocada por Cosasdecomé. Puedes ver más información sobre el certamen aquí, y las obras presentadas, aquí.

Y además, puede ver recetas elaboradas con estas obleas aquí. 

El informe «Empanati»: 7 empanadas para no dejar ni las mijitas

Las fotos son de la tapatóloga Susana López Cuevas.

Suscríbete al boletín semanal de Cosasdecome