Ahora ofrece el descorche y deslate de los productos a la venta para consumirlos en el local, que amplía su cocina y decora de historia sus paredes.

 

La Gran Vía de San Fernando ha reabierto con historia en las paredes y olor a colmado. El establecimiento isleño se ha sometido a una reforma que ha respetado su esencia -ahí siguen los característicos azulejos y la barra- aunque con algunas innovaciones como los cuelga copas, nuevos botelleros o la modernización de los baños.

El nuevo aspecto de La Gran Vía.

Las paredes se han convertido en un homenaje, foto a foto, a Antonio Alba, «el dueño y señor» de la Gran Vía, como le dice su yerno, Roberto Sánchez. Foto a foto se cuenta la vida de este vejeriego, que ya a los diez años llevaba mandil y bandeja y «desde entonces no ha parado». Con 72 años, ha colaborado en la limpieza y el envinado de las botas durante la reforma.

Durante las obras se ha eliminado un reservado para ampliar la cocina, un cambio que repercutirá en la carta, que también crece con nuevos platos. Se han eliminado algunas tostas y montaditos, porque había demasiada oferta, y su lugar aparecen platos más elaborados y con «más carácter», explica. La carta completa del establecimiento está aquí. Además, poco a poco los camareros -que también cuentan con nuevos uniformes- irán sirviendo platos calientes y de cuchareo que se introducirán a modo de sugerencia fuera de carta.

El colmado

La zona de Colmado.

Pero, sin duda, la mayor innovación viene de la mano del colmado, un rincón donde lucen los vinos, ahumados, chacinas, latas… «Pensamos que La Gran Vía tenía que oler a vino, jamón y queso, a colmado antiguo», explica Roberto. Los productos del colmado se pueden llevar a casa, pero el local también ofrece la posibilidad de abrirlos y consumirlos allí mismo mediante descorches y «deslates».

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