Comienza en Conil la temporada de las azofaifas, un peculiar fruto de pequeño tamaño con un sabor parecido a la manzana

 

En vez de palomitas de maíz de esas que se acompañan con bebida de fórmula secreta y bajo el nombre de Coca Cola, los niños de Conil, cuando iban al cine pasado el verano, se divertían viendo la película comiendo azofaifas y membrillos. Todavía hoy, según relata Francisco Vázquez, frutero de la localidad y profundo conocedor de los productos de Conil sobre los que ha escrito ya varios libros, en muchas de las casas de campo o incluso de la localidad, en medio del patio hay un azofaifo, un árbol, que puede llegar a alcanzar varios metros de altura y que ahora, a mediados de septiembre, da sus frutos: la azofaifa. La azofaifa es una fruta de la familia de las acerolas. Su forma es parecida a la de la manzana, pero de pequeño tamaño, algo más grande que una cereza. El sabor, según relata Vázquez, es también parecido al de las manzanas del tipo granny smith “porque tiene un poquito de dulce y un poquito de ácido”.

Fruta bastante apreciada

Vázquez señala que las azofaifas son bastante apreciadas en Conil y de hecho algunos agricultores las están cultivando en abundancia “ya que alcanzan un buen precio y son escasas. Este año se han llegado a vender al principio de la temporada incluso a 6 euros el kilo aunque luego ya han bajado”. Su consumo se realiza “como una chuchería” relata Vázquez, hasta el punto que no recuerda ningún guiso ni plato que se haga con este fruto. La tradición es comerlas como una “chuchería, por la tarde, viendo la televisión. Antes era muy habitual que se consumiera en los cines, junto a los membrillos, otra fruta muy típica de los comienzos del otoño.” De todos modos se trata de un cultivo eminentemente familiar. Lo habitual es que en cada casa de campo “exista un árbol, muchas veces en el propio patio principal, donde se cultiva lo necesario para la familia. También es habitual que existan árboles que dan membrillos”. Este especialista en las tradiciones de Conil resalta “que la costumbre se mantiene y los árboles siguen plantados en los campos por lo que no creo que se pierda esta tradición”. En cuanto a su consumo Vázquez señala que es eminentemente local “ya que por otras zonas se comercializa la acerola que es una fruta de la misma familia pero que es de tamaño más grande que las azofaifas”. Vázquez resalta que la llegada de las azofaifas era un símbolo del comienzo del otoño y destaca “que este carácter de temporalidad de los productos y las tradiciones que llevan consigo no se deberían de perder. Es un importante patrimonio de los pueblos y hay que trabajar para que se mantengan”, destaca. Las azofaifas, cuya recolección se prolongará todavía hasta octubre, es una de las frutas típicas del principio del otoño. A ellas se unirán pronto las granadas, cuyo cultivo en Conil ha bajado mucho, los membrillos y el gran rey del otoño, los boniatos.

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