La espectacular presentación de sus platos, en especial de sus postres, se ha convertido en la principal seña de identidad de este establecimiento jerezano.

 

Distintas alturas. Imaginativos contrastes de colores y texturas. Superficies que emulan desde un tronco de un árbol a una pieza de mármol. Elaboraciones donde la imagen se cuida al milímetro consiguiendo presentaciones absolutamente espectaculares. En el restaurante de los Hermanos Grimaldi de Jerez se come por los ojos. O, al menos, en primera instancia. «Cuidamos mucho la estética del plato, que tenga un primer impacto visual, y evidentemente que en boca sea una explosión de sabor», explica Gonzalo Grimaldi, uno de los propietarios del establecimiento.

Es en los postres donde los Grimaldi dan rienda suelta a su máxima creatividad. Foto cedida por el establecimiento

Es en los postres donde los Grimaldi dan rienda suelta a su máxima creatividad. Foto cedida por el establecimiento

El restaurante abrió sus puertas en 2014 en la jerezana calle Cobre y se mudó tres años después al Edificio Apex de la avenida Voltaire, donde Gonzalo y Jesús Grimaldi han afianzado su propuesta gastronómica que tiene en esta espectacularidad estética una de sus señas de identidad. «Es mi hermano Jesús, jefe de cocina, el verdadero artífice. Tiene una capacidad especial para construir platos creativos en los que ningún elemento es casual y todo marida a la perfección. Un artista», comenta Gonzalo, quien puntualiza que este «don imaginativo» de Jesús Grimaldi alcanza su máximo esplendor con los postres. «Han conseguido una gran fama. Si vienes al restaurante Hermanos Grimaldi tienes que probarlos sí o sí». Entre ellos, los Grimaldi destacan su particular versión del dulce Pantera Rosa, una mousse de chocolate en copa alta que completan con crujientes de galleta y algodón de azúcar, así como un pastel de hojaldre, crema pastelera y salsa de caramelo dulce.

Gonzalo y Jesús Grimaldi han heredado su pasión por la hostelería tanto de su familia paterna como materna. Foto: CosasDeComé

Gonzalo y Jesús Grimaldi han heredado su pasión por la hostelería tanto de su familia paterna como materna. Foto: CosasDeComé

Y como no solo de azúcar vive el hombre, en el establecimiento jerezano también cuentan con una amplia carta de entrantes, platos fríos y calientes donde la premisa de comer por los ojos sigue siendo una constante. «Funcionan muy bien los de corte moderno como el tartar de salmón ahumado, con queso fresco y membrillo. Aunque no nos olvidamos de los de toda la vida. La base de nuestra cocina es tradicional», rememora Gonzalo. Y es que los Grimaldi pertenecen a la tercera generación de una saga de hosteleros muy populares en Jerez. Su abuelo paterno, Manolo Grimaldi, regentó en los años 70 la venta los Santos Inocentes, mientras que su abuelo materno, Luis Álvarez, hizo los propio en Los Burlaeros. Además, Gonzalo y Jesús crecieron viendo cómo su padre, Francisco Grimaldi, capitaneaba el restaurante El Buen Comer a lo largo de la década de los 80. Unas experiencias vitales que, según el copropietario de los Hermanos Grimaldi, «nos marcaron y enseñaron cómo ejercer esta profesión». Es por ello que en carta cuentan con una elaboración en homenaje a su progenitor: la torta El Buen Comer. El amor por los vinos de Jerez también les viene de herencia familiar. «Ocupan un lugar preponderante en nuestra oferta gastronómica»,  sentencia Gonzalo Grimaldi.

Además de la estética de sus platos, los Grimaldi también miman la de su local con una decoración actual, plagada de figuras de peces y gallos, plantas colgantes y grandes ventanales hacia el exterior. Los ya mencionados vinos también actúan como elemento decorativo en un restaurante donde el constante reclamo visual está asegurado.

El establecimiento también mima la decoración de sus salones y terraza. Foto cedida por Hermanos Grimaldi

El establecimiento también mima la decoración de sus salones y terraza. Foto cedida por Hermanos Grimaldi

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