¿Cuantas veces te has dejado la mano sobre una mesa intentando sacar el bicho entero? Hay una solución, más fácil, para que no se resistan y salgan enteros.

 

La cañaíllas están muy buenas, pero comérselas no es lo más cómodo del mundo, porque el bicho no es fácil de sacar de su caparazón. Lo más seguro es que, por mucha maña que tengas con el pincho, sólo saques los primeros centímetros del animalito y el resto se quede dentro.

Pero hay varios trucos para solucionar esto, y vamos a verlos en la Tasquita Joselito de Cádiz, donde Jesús Álvarez, Suso, nos cuenta los secretos para comer cañaíllas sin problemas.

Jesús, abriendo una cañaílla con las pinzas. Fotos de Cosasdecomé.

Para empezar, es clave que el animal esté vivo cuando se va a cocer. Para saber si está vivo o no, se toca un poco la carne y se observa si hay algún tipo de reacción. Cuando el animal se cuece vivo, después sale del caparazón sin demasiados problemas.

Para sacarlo, lo más común es pinchar la parte que se ve del animal y hacer palanca. Otro método es coger la cañaílla en la mano con la punta hacia abajo, cerrar el puño y dar un par de golpes secos sobre una superficie dura.

Las cañaíllas, junto a las pinzas que se emplean para abrirlas.

Si nada de esto funciona, aún nos queda una solución antes de renunciar a la parte más sabrosa de la cañaílla. Se trata de un truco que consiste en romper las últimas vueltas del caparazón, las que están arriba del todo, pellizcándolas con una pinza de marisco. Parece que están más dura de lo que están: esta operación se hace con una sorprendente facilidad. Eso sí, hay que tener mucho cuidado de no pegarse un pellizco en la mano.

Una vez realizada esta apertura, el bicho sale sin problemas con la ayuda de un palillo. Es un truco análogo al que se emplea con los caracoles terrestres, cuando se hace un boquetito en el caparazón para facilitar su salida.

¿Quieres saber cómo se cuecen las cañaíllas? La respuesta, aquí. 

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