Aromáticos y dulces, se cultivan para consumo propio y pocos llegan al mercado. Los años de poco viento de levante, como este, son los más productivos.

 

Son melones amarillos, muy dulces y aromáticos. Se recolectan en los meses de julio y agosto, y su duración es menor que la de variedades más comerciales. Son, eso sí, difíciles de conseguir, y eso que este año ha sido bueno porque no ha hecho mucho viento de levante.

Un melón de Conil. Imagen cedida por la frutería Paco Vázquez.

Paco Vázquez, de la frutería del mismo nombre del Mercado de Conil, explica que siempre llegan muy pocos de estos melones; la gente suele cultivarlos para consumo propio. No es una variedad competitiva al tener menos duración que otras más comerciales y cultivarse al aire libre, sin invernadero. Además, los clientes no parecer estar dispuestos a pagar por ellos lo mismo que por variedades más conocidas como la Piel de sapo o la Galia. Sin embargo, es un melón «espectacular» y tan aromático que se convierte en el «mejor ambientador» cuando está en casa.

Bartolo Ramírez, de la Cooperativa Nuestra Señora de Las Virtudes, explica que este ha sido un buen año para los melones porque no ha hecho demasiado viento de Levante, y aún así no llegan demasiados a la cooperativa… y los que llegan se venden rápidamente. Asegura que el viento de componente este perjudica al melón al arrastrar contaminación.

¿Quieres preparar un postre con melón? Aquí tienes algunas recetas.

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