El establecimiento, situado junto al puerto, es singular en muchos aspectos, desde su decoración con luces que cambian de colores o un mobiliario casi de palacio, hasta su oferta gastronómica con una conseguida cocina del Magreb que  compatibilizan con pescado frito.  Además,  los pinchitos están buenísimos

 

El restaurante El Embajador es un sitio que llama la atención por su originalidad desde el primer momento. Están junto a la entrada principal del puerto de Algeciras. Tienen una amplia terraza, que se cubre con unas grandes sombrillas y luego un salón acristalado de lo más llamativo. El mobiliario es como de palacio, en color caoba con unos grandes sillones de madera maciza y mesas a juego decoradas con motivos geométricos. Hay sofás cubiertos con terciopelo y en la pared, en sitio principal, un gran cuadro con los dos matrimonios reales de ambos países: Felipe VI y Leticia y  Mohamed VI y  Lalla Salma sentados en una mesa llena de productos y sonriendo.

En el comedor llaman también la atención dos grandes televisores de plasma y, sobre todo, el techo y las columnas. Ambos son de color caoba pero tienen unas celosías que están, gracias a una iluminación especial, cambiando continuamente de colores. Fue un propio empleado del establecimiento el que se encargó de hacerlo.

Un camarero sirve el té. Observesé el techo del establecimiento. Foto: Cosasdecome

El Embajador, cuyo nombre ya lo dice todo, es todo un monumento al encuentro entre ambas culturas, entre África y Europa, entre Marruecos y Andalucía y lo demuestra no sólo en su decoración sino también en su oferta gastronómica casi tan original como esta. Desde el establecimiento señalan que «queremos que aquí se sienta cómodo todo el mundo y por eso tenemos también comida de ambas culturas para que se puede elegir o pedir de las dos».

Los camareros van perfectamente uniformados y el servicio está cuidado. Todo el personal de cocina es marroquí. Al sentarte te reciben con unos aperitivos de la casa, tres pequeños tazoncitos con una aceitunas aliñás, unas remolachas y una especie de ensaladilla. Hasta la cerveza tiene su toque porque es «Alhambra», que acompañan con unas copas también con decoración geométrica.

El comedor de El Embajador. Foto: Cedida por el establecimiento.

Primer detalle de esos de excelencia. El pan que sirven, unas especies de bobas cubierta con cereales, lo elaboran ellos mismos. «Lo hace nuestro equipo de reposteros» señalan. El sitio abrió en el año 2019 de la mano del empresario Mohammed Oulad y tiene capacidad para unas 80 personas entre la terraza y los dos salones interiores. Tienen horario ininterrumpido de comidas desde la una del mediodía en que abren hasta las doce de la noche… vamos que puedes ir a comer a las seis de la tarde y está disponible toda la carta.

Así es el pan que sirven en El Embajador. Foto: Cosasdecome

El establecimiento tiene dos cocinas. Una de ellas, a la vista del público, alberga una parrilla alimentada con carbón. Pero también la cocina donde elaboran los tajine está alimentada de esta manera y no a gas «porque eso le da su punto a la comida». Incluso la vajilla del establecimiento viene también desde Marruecos.

Los mismos camareros te invitan a ir a la zona donde está la barbacoa para que elijas las piezas que quieres que te hagan. Hay dos amplias vitrinas. Llama la atención la de pescado, muy bien surtida y donde lucen voraces, el pescado más afamado del Campo de Gibraltar, doradas, grandes lenguados, calamares o boquerones. La otra zona está dedicada a la carne y no faltan los pinchitos… nos los pedimos, primero porque ante un pinchito moruno es muy difícil resistirse y además porque tenían muy buena pinta. Al rato llegaron a la mesa ensartados en una gran caña metálica y cuidadosamente situados en un soporte de cerámica: Jugosos, bien especiados… para comerse media docena de tiras de carne. Son una de las estrellas de la carta y los aliñan al estilo marroquí.

El expositor de pescados. Foto: Cosasdecome

Los pinchitos de El Embajador. Foto: Cosasdecome

El pescado lo preparan a la brasa o, si se desea, lo hacen al tajine, en un recipiente de barro. Otro plato que probamos y que estaba de lo más apetecible era el tajine de boquerones. Eran unas piezas limpias de espina y cabeza, especiadas y hechas en una especie de salsa cuyo ingrediente más a la vista era el tomate. El plato es casi un «primo hermano» de un típico de Algeciras, la moruna, con una composición bastante parecida.

El tajine de boquerones. Foto: Cosasdecome

Para empezar la comida hay también pastelas, la versión marroquí de la empanada y que se caracteriza por su aliño con canela y por la fina masa que envuelve el relleno, o harira, una sopa típica del país vecino.

De todos modos la estrella de la casa son los tajines y su variante el couscous. Hay más de una veintena de variedades de los primeros y tres de los segundos. El tajine es uno de los platos más característicos de Marruecos. Su nombre hace referencia al recipiente en que se hace, unos cuencos de barro que luego se cubren con unas tapaderas en forma de cono del mismo material. En el establecimiento los hacen calentando estos recipientes sobre ascuas de carbón. Los productos se cuecen dentro de este recipiente generando un efecto parecido a la cocción al vapor ya que el barro aguanta muy bien la temperatura.

El tajine que más sale es el de cordero con ciruelas. La carne, bastante especiada, se hace acompañada con verduras. Los hay también de ternera o de pollo pero a partir de ahí llega la imaginación. Así, lo tienen de sesos de cordero con gambas y huevo  o de espinacas con gambas.

El tajine de rabo de toro. Foto: Cedida por el establecimiento

El establecimiento lleva también ese hermanamiento de culturas que propone como filosofía a este plato y así encontramos uno de rabo de toro, otro de callos con garbanzos u otro de patas de ternera con garbanzos y alubias.

Es posible encontrar también una amplia variedad de tajine de pescados e incluso lo proponen de coquinas o una original creación del restaurante que combina albóndigas de pulpo con guisantes y huevo.

Pero leer la carta de El Embajador (la puede ver entera aquí) es un no parar de sorpresas porque al final encuentras un amplio apartado dedicado al pescado frito que elaboran a la manera típica andaluza: Como si fuera un freidor gaditano ofrecen frituras de boquerones, merluza, puntillitas, salmonetes o calamares. La idea señalan «es que cualquiera pueda venir aquí a comer».

Los postres del establecimiento son también de elaboración propia y no falta el final con té moruno, servido en sus típicos vasos y acompañado con pequeños dulces.

Horarios, localización, teléfono y más datos de El Embajador, aquí.

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Pinchar para disfrutar del chuletón de buey gaditano