La familia Amado ha desarrollado en La Embajada de Chiclana un original proyecto gastronómico en el que combinan tapeo, vinos de barril, tienda de exquisiteces, catas o hasta actos culturales que se desarrollan en un depósito de vinagres que estaba sin usos en el centro de la ciudad

 

Antonio Amado Rodríguez, 56 años, muy conocido en Chiclana por su actividad en el mundo de la madera, destaca que «cuando pusimos en marcha el proyecto, tengo que decir que todo fueron facilidades por parte de la propiedad». Le había «echado el ojo» a un local en la calle Arroyuelo de Chiclana, en pleno centro, cerca del mercado de abastos. Allí existía una vinagrería de la bodega Collantes que había quedado sin usos debido a la reestructuración del mundo bodeguero chiclanero.

El proyecto no era fácil…500 metros cuadrados de local divididos, sobre todo, en una gran nave y otra más pequeña que convergían en un patio central a lo que había que sumar unas dependencias en una primera planta, que usan, por el momento, como almacén.

Amado echó mano de su antiguo trabajo en el mundo de la madera y con la ayuda de su hijo, Antonio, 25 años y que ha estudiado hostelería en la Escuela Fernando Quiñones y en La Taberna del Alabardero de Sevilla, transformaron el local en La Embajada, un sitio que pretende ser «una representación de todo lo bueno que hay en Chiclana».

Antonio Amado y su hijo Antonio a la entrada de La Embajada. Foto: Cosasdecome

Como recuerdo del antiguo uso los barriles con los vinos de Chiclana presiden la entrada del local, un sitio de esos con encanto, el que ya traía el inmueble y lo que le han dado los Amado. El sitio está decorado con sencillez pero con gusto. El elemento principal son objetos antiguos que los Amado han ido encontrando y que se exponen y están a la venta en el establecimiento. A la entrada una antigua motocicleta y una vespa pero en otras dependencias hay más cosas e incluso las mesas y las sillas son también recuperadas de antiguos locales de hostelería.

El establecimiento tiene varios usos. Unas extantería en la entrada se aprovechan para vender productos gastronómicos de la provincia de Cádiz y, en especial, de Chiclana. Hay vinos de todos las bodegas que funcionan en la ciudad y no faltan tampoco los productos de Salinas de Chiclana, las conservas de Paquiqui de San Fernando, las conservas de guisos marineros de Senra de Sanlúcar o las mieles de Apícola Patiño de Conil.

La tienda de productos gastronómicos es lo primero que se encuentra al entrar en el establecimiento. Foto: Cosasdecome

Antonio Amado señala que «hemos intentado recrear un antiguo colmao, un almacén a la antigua usanza». Un peso, de los antiguos de balanza preside el mostrador del bar en el que se expenden tablas «chiclaneras» con butifarra, la más afamada de las chacinas de la ciudad, morcilla y chicharrones de los loncheados, otra de las grandes aportaciones chiclaneras al bienestar de la humanidad. Tampoco faltan los quesos de «Los Hardales», que también se elaboran en el término municipal.

Tabla de quesos de Los Hardales. Foto: Cosasdecome

El bar, con apariencia de una taberna, ocupa la nave principal del establecimiento. La estancia es luminosa y tiene los techos altos merced a su antiguo uso bodeguero. Tras la barra, hecha con madera y una superficie que simula el mármol de los antiguos mostradores, se exponen jamones y no faltan los barriles que contienen «en rama» tres de las joyas de la bodegas Collantes: el fino Arroyuelo, el amontillado Fosi o el moscatel Los Cuartillos. Para acompañarlos, además de lo anterior, salazones de Barbate o jamón ibérico, en línea con la estética de taberna bodeguera que tiene el establecimiento.

Una antigua balanza preside la barra de La Embajada. Foto: Cosasdecome

Pero el establecimiento tiene también cocina y junto a las chacinas, salazones, conservas o quesos ofrece también una original carta de platitos con algunas propuestas originales como unos canelones de chicharrones, una cazuela de gambones hechos en una salsa de vino amontillao o unas curiosas tiras de abanico ibérico maceradas en especias y luego fritas que reciben el nombre de «puntillitas ibéricas» por su parecido en el plato a este popular plato marinero (más información de este plato, aquí).

La carta de La Embajada está escrita en varias pizarras distribuidas por el local. Foto: Cosasdecome

Hay también propuestas típicas de taberna de toda la vida como el tomate aliñao, unas croquetas o unas pavías de merluza. Además, todos los días, hay también alguna propuesta de cuchareo.

Pero La Embajada va más allá. Junto a la zona de la taberna bodeguera hay otro salón, también bastante grande en donde se realizan exposiciones y también actos y catas, aunque Amado señala que el tema del Coronavirus ha frenado «mucho nuestra actividad». De todos modos, hace unos días hubo una cata de cervezas y actualmente hay una exposción de pinturas. En uno de los extremos hay también un comedor privado para realizar comidas de empresa, aunque la gran joya del establecimiento es un gran patio bodeguero, la mitad de él cubierto y que se está intentando cubrir en parte con parras, para darle aún más encanto. La estancia está decorada con objetos antiguos y tiene encanto.

Los Amado, padre e hijo destacan que «estamos muy contentos con la receptividad que ha tenido nuestra propuesta, tanto por parte de los chiclaneros como por parte de los turistas. Creemos que transmitimos la esencia de Chiclana y esto ha gustado. Queremos continuar así, perfeccionando nuestra oferta gastronómica, aportando muchos actos culturales y tratando de animar el centro de la ciudad».

Su última aportación en este campo ha sido la de participar en una iniciativa del restaurante El Molino de Chiclana para dar mayor visibilidad a las famosas tortas de almendras de las monjas agustinas recoletas que se hacen en la localidad. Así cada establecimiento elabora un postre con este producto. Pinchar aquí para ver el que propone La Embajada.

Horarios, localización, teléfono y más datos de La Embajada, aquí

Aquí la guía gastronómica de Chiclana.

El patio de La Embajada. Foto: Cosasdecome