Ubicada en un enclave privilegiado, Bodegas Campestral alberga uno de los proyectos enoturísticos más ambiciosos de la provincia de Cádiz. Se trata de una finca de 80.000 metros cuadrados dedicada a la producción artesanal de vinos ancestrales que, además,  cuenta con un complejo hotelero con espacios para eventos, restaurante o piscinas.

 

Al empresario catalán de origen gaditano Andrés Troya nunca le tembló el pulso a la hora de embarcarse en proyectos ambiciosos. Ni en lo personal ni en lo profesional. Y menos aún cuando la consecución de un sueño vital entraba en juego. Troya, dedicado al sector de las energías renovables, siempre ansió hacerse con su propia bodega y viñedos. “Era una de las ilusiones de mi vida”, confiesa. Cuando vio la oportunidad, no se lo pensó dos veces. Y quiso hacerlo a lo grande, apostando por la última tendencia en vinos: los naturales, aquellos que se obtienen con el mínimo de intervención posible, y creando un amplio complejo enoturístico entorno a ellos. Así ha dado vida a Bodegas Campestral, una impresionante finca de 80.000 metros cuadrados ubicada en las inmediaciones de Arcos de la Frontera que se dedica a la producción de estos vinos artesanales. “Hemos querido retomar las formas de producción de los vinos de antaño, sin tantos añadidos. Y siempre mimando la uva al máximo”, explica Andrés Troya.

El empresario Andrés Troya siempre soñó con crear su propia bodega de vinos a gran escala. Foto: CosasDeComé

El empresario Andrés Troya siempre soñó con crear su propia bodega de vinos a gran escala. Foto: CosasDeComé

 

Para ello, Troya seleccionó a consciencia el emplazamiento de Bodega Campestral. Un enclave natural privilegiado, a las afueras de Arcos donde, según explica el empresario, la proximidad al pantano de Guadalcacín, la Sierra de Grazalema y el valle del Guadalquivir generan “un micro clima único y unas vistas de ensueño para que crezcan nuestras viñas”. A esto se le suman unos suelos de albarizas que, en palabras de Troya, “permiten crear unos vinos muy especiales” .

Pero la particularidad de estos vinos de bodegas Campestral no radica tan solo en las características de su enclave, sino en su forma de elaboración. El sesenta por ciento de ellos se fabrican siguiendo el método ancestral, con el que se hacían los primeros vinos de burbuja natural de la Historia. Su secreto estriba en embotellar a media fermentación para que ésta concluya dentro la botella. “Así evitamos una segunda en el interior u otra química a través de nutrientes o azúcar”, revela Troya. Se trata de un proceso laborioso e imprevisible. El vino fermenta a su antojo, sin avisar, ni importar el día ni la hora. Pero el equipo de Andrés Troya adora su resultado final. “ Merece la pena, obtenemos un vino burbujeante que casa mucho con las apetencias del público de hoy en día”.

La producción de vinos naturales con el método ancestral, la especialidad de Bodegas Campestral. Foto: CosasDeComé

La producción de vinos naturales con el método ancestral, la especialidad de Bodegas Campestral. Foto: CosasDeComé

De hecho, es tal la apuesta que Campestral realiza por esta variedad de vino natural que el pasado año se convirtió en la bodega que más vinos ancestrales produjo en España con un total de 35.000 unidades, entre blancos, claretes y tintos. Una producción exclusiva y limitada por las propias características de su elaboración pero de la que Andrés Troya se encuentra especialmente orgulloso. “Nuestra idea es familiarizar no solo al público gaditano sino también al del resto de España con este tipo de vinos que son bastante populares en Europa y el mundo”. De hecho, Bodegas Campestral ya los comercializa con países tan dispares como Reino Unido, EEUU, Indonesia o República Dominicana. A nivel nacional los está introduciendo a través de la hostelería y de su página web.

 

Pero no solo de vinos ancestrales vive Bodegas Campestral. Andrés Troya y su equipo también dan vida a otras elaboraciones artesanales como unos vinos jóvenes de cosecha, un tinto envejecido en barrica de roble, otro tinto de postre y un blanco palomino cien por cien ecológico. Todos comparten con sus hermanos ancestrales la fijación por el cuidado extremo de la uva de Troya y, como no puede ser de otra forma al tratarse de un vino natural, la ausencia de aditivos. “ Nuestro lema se basa en nuestro único ingrediente: ¡uva, uva y más uva! La cuidamos durante todo el año para obtener una fruta fenomenal e ideal para hacer los mejores caldos ”

Además de los ancestrales también producen vinos jóvenes de cosecha, un tinto envejecido en barrica de roble, otro tinto de postre y un blanco palomino cien por cien ecológico. Foto: CosasDeComé

Además de los ancestrales también producen vinos jóvenes de cosecha, un tinto envejecido en barrica de roble, otro tinto de postre y un blanco palomino cien por cien ecológico. Foto: CosasDeComé

En la finca del Campestral, bautizada como El Encanto, cuenta con un total cinco hectáreas de esta «fruta mimada» de cinco variedades distintas: Tintilla de Rota, Petit Verdot, Syrah, Merlot y Cabernet Sauvignon. El resto procede de otras explotaciones de Trebujena, dedicadas a la uva blanca Palomino, y Jerez, a la Petit Verdot.  Después de cada vendimia, llegan hasta la bodega de Arcos donde el equipo de Troya pasa «cinco o seis horas escogiéndolas atentamente en la mesa de selección de la fruta». Posteriormente, utilizan maquinaria de última generación para trabajar las temperaturas adecuadas y obtener así el vino deseado.

Un proceso de elaboración y un producto final artesanal que cada vez despierta más interés entre propios y ajenos. Por ello, las bodegas y viñedos del Campestral se insertan dentro un proyecto de enoturismo rural a gran escala. Porque el sueño de Andrés Troya pasaba por crear un auténtico paraíso entorno al vino natural. Y lo ha conseguido. Bodegas El Campestral cuenta en el interior de su finca con un hotel rural que emula un cortijo andaluz con varias estancias. A ellas se sumarán en breve unas ‘chozas suite’ de corte rústico. Actualmente, entre ambos espacio, suman una veintena de habitaciones que pronto se convertirán en treinta.

El complejo se completa con salas de catas, salones y espacios al aire libre para eventos, e incluso piscinas, gimnasio y un spa. «El hotel no abrirá hasta el segundo semestre de 2022 pero ya hemos comenzado a realizar algunas catas y visitas«, puntualiza su propietario. Andrés Troya ya trabaja en un amplio programa de actividades relacionadas con la cultura del vino y la elaboración de los mismos. También planea inaugurar un restaurante en el mismo complejo donde los vinos de Campestral tendrán un protagonismo fundamental.

Andrés Troya planea inaugurar un restaurante en el complejo donde sus vinos jugarán un papel preponderante. Foto cedida por Bodegas Campestral

Andrés Troya planea inaugurar un restaurante en el complejo donde sus vinos jugarán un papel preponderante. Foto cedida por Bodegas Campestral

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