Little John se presenta como una hamburguesería sim pamplinismos, con una carne jugosa, acompañada con unos boniatos fritos adictivos, envuelta en pan de verdad. Llamana la atención unos originales nachos que recuerdan a los huevos fritos con papas

 

Si una hamburguesa no te mancha los dedos, eso no vale ná. Lo suyo es comérsela con las manos, que a medio camino del bocadillo se te salga la carne por debajo. No hay mayor placer en ese momento que darle la vuelta con maestría y comerte la carnaza sobrante para evitar que se pierda ni un poquito.

Little John, la hamburguesería que acaba de abrir Juan Ruiz Henestrosa, el que fuera jefe de sala de Aponiente, en el centro de Rota es un sitio sin pamplinismos, donde las hamburguesas envueltas en pan tipo brioche del horno Artesa de Arcos, nada de Bimbonati chungalati, vienen tan solo con un papel de esos que te ponen en los almacenes ultramarinos. Nada más de adorno en el plato, ni lechugitas de colores, ni sésamo, ni nada que entretenga la vista.  No hay cuchillo ni tenedor y el mismo camarero te invita a que le metas mano a la carne a dos manos y apretando bien el pan, que es lo suyo.

La zona «Dinner» que recuerda al interior de un restaurante americano. Foto: Cedida por Little John.

Pedimos la hamburguesa «Raclette». Al igual que todas las demás de la casa está hecha con carne asturiana de vaca frisona. Preparan las hamburguesas todos los días y se «bolean», es decir se hace la bola que se va a poner luego a la parrilla, en el momento que el cliente pide el producto. Juan Ruiz Henestrosa, roteño, un enamorado de la comida callejera, señala que para que queden jugosas la carne se mezcla con grasa de vaca ahumada por ellos mismos y que luego se parte en pequeños trozos que se mezcla con el lomo. El segundo secreto está en sazonarlas «con una mezcla de sal y especias que lleva tres ingredientes…pero eso no te lo voy a decir» señala Juan risueño.

Juan Ruiz Henestrosa utilizará parte de un antiguo camión para la decoración de su hamburguesería. En la foto aparece con un ejemplar de su colección de gorras. Esta la compró en Estados Unidos.

En el caso de la Raclete» el trozo de carne a la parrilla se acompaña con queso tipo Raclete fundido, un salteado de champiñones y cebolla y una merlemada de bacon que hacen ellos mismos. El queso lo añaden a la hamburguesa en la mesa y la hamburguesa viene «acurrucada» en un pan tipo brioche que se unta, en su parte interior, con un poco de mantequilla, una costumbre, señala Ruiz Henestrosa, muy habitual en las hamburgueserías de Estados Unidos, pero no por Andalucía.

Como detalle de excelencia el pan viene con el sello de Little John grabado en su superficie. Al pedirla te preguntan por el punto de cocción. La hamburguesa no es muy alta, como de un dedo más bien delgadito. La carne está muy jugosa. Me la como del tirón, tan sólo con unas pausas para disfrutar de otro de los grandes descubrimientos de la casa, unos boniatos fritos. Van en forma de bastón, como las patatas fritas. Están cremosos por dentro y crujientes por fuera, como manda la Gremial Escuela de las grandes papas fritas, aunque aquí sea en versión boniatera. Van aromatizados, «como hacía mi abuela», señala Juan Ruiz, con un poquito de tomillo.

Los boniatos fritos de Little John. Foto. Cosasdecome

Para acompañar no te ponen ni kepchupt, ni mostaza, aunque se la pides te la traen.

El sitio, es martes, por la tarde, registra tres cuartos de entrada. La decoración es llamativa. Parece como un local que está como a medio punto de caerse, aunque eso sí, todo está limpio como una patena. En la pared parecen que se han caido la mitad de unos coloristas azulejos celestes sobre el que se ha colocado el logotipo de Little John en grandes dimensiones. Hay mesas largas con los sillones corridos. Todo está en madera en plan rústica. Luego hay algunas mesas altas con unos taburetes con el sillín cubierto de cuero. La barra sólo sirve para el servicio de los camareros que van vestidos con unas camisetas alusivas a Little John y unos pantalones vaqueros. Sobre la pared, un elemento muy americano, dos grandes neveras, una con refrescos y otra con cervezas del grupo Mahou, que es la que usan en el establecimiento.

Un antiguo camión sirve como barra para los camareros. Foto: Cedida por Little John.

El personal, 8 personas en los comedores y 6 en las cocinas, explica a los comensales las características de cada plato. Hay un segundo salón que sigue en la misma línea de un local decadente de un barrio de Nueva York. Juan Ruiz Henestrosa señala «que es el local, la decoración que yo tenía en la cabeza, con la que he soñado todos estos años en que he estado dándole vueltas al proyecto». Llama la atención un camión que está encastrado en la barra. El proyecto de decoración es de la firma Kasa Rústica.

Suena música de fondo. Son 40 canciones seleccionadas por el propio Ruiz Henestrosa. Están desde los Beatles hasta David Bowie. La carta no es amplia. Empiezan con unas ensaladas (alemana, de ricotta y peras y Cesar) que salen entre 7 y 8 euros.

Luego, unas cositas para picar: alitas de pollo hechas en lentito y mojo rojo para mojar, pan de ajo, unas costillas a la barbacoa, unos aros de cebolla, unas patatas fritas con bacon y salsa de queso Cheddar o una pasta con salsa de queso y taquitos de chicharrones de Rota. Me decanto, entre los aperitivos por unos nachos que me llaman la atención porque llevan huevos fritos…El plato es grande, no te lo comes tú solo. Lleva dos huevos fritos por lo alto y debajo unos nachos de la conocida firma gaditana Super Mex. Son redondos en vez de triangulares y los hacen especialmente para Little John. Los nachos van acompañados de una fritá de tomate casero, un pisto de verduras, varios, quesos, unos montoncitos de guacamole y los dos huevos fritos por lo alto, que se le ponen después de haber gratinado el resto del conjunto. El plato sale a 8 euros y te recuerdan a unos huevos fritos con papas. «Son huevos fritos a la roteña» señalan Victor Nieto y Nacho Lobato, los dos socios en esta aventura de Juan Ruiz y que también regentan Utopía, otro bar de tapas situado en las inmediaciones.

Para hacerlos emplean verduras de Rota. Los boniatos son también «de una huerta de la familia y los huevos de campo». Tratamos que todo sea «rico, que todo esté cuidado y que sea natural».

Los nachos se parecen mucho a unas papas fritas con huevo. Foto: Cosasdecome

Lo suyo es partir los huevos fritos y arrejuntarlo todo en el plato. De nuevo hay que meter las manos, nada de tenedor y cuchillo: guarrindoguerio gustoso. Un cliente de mediana edad que se ha pedido el plato con su familia pide a un camerero «pan pa mojá» el poquito de yema de huevo mezclado con tomate que ha quedado en el plato.

Para pasar a mayores, después de  los aperitivos se proponen hasta 9 hamburguesas diferentes. No esperen encontrarse ninguna «deconstrucción», ni nada rarito. Es cierto que no llevan una loncha de tomate y otra de cebolla, pero no hay una sofisticación artificiosa. Se repite mucho la combinación de carne con distintos tipos de queso, una lleva un huevo frito y hay una con el doble de carne para los carnivores. Es la única que supera los 9,5 euros. En la carta también una hambuguesa hecha con pollo deshilachado, otra con gambas y una tercera para vegetarianos.

Se pueden acompañar con patatas fritas o los boniatos, ambos hechos en la casa, nada de congelatis.

Para los que no quieren hamburguesas, hay también algunos bocadillos, realizados también con pan del horno de Artesa. Un sandwich club, parecido al popular «shangüi» de pollo, un brioche relleno con carrilleras de ternera, chucrut y queso Chedar o un sandwich cubano con cochinillo a baja temperatura, queso suizo, pepinillos y mostaza. Aqui la cosa oscila entre los 6 y los 8 euros.

Juan Ruiz Henestrosa ha contado con el apoyo de Curro Noriega, el fundador de Besana Tapas de Utrera, uno de los pioneros de la cocina innovadora en Andalucía, para elaborar la carta del establecimiento. Los dos han conseguido que la excelencia que consiguen con sus platos no rompan con la personalidad de una casa de hamburguesas.

Comer en Little John sale por menos de 20 euros por persona. La parte curiosa de la carta es el acompañamiento de vinos. Se puede abandonar el habitual refresco o la cerveza para acompañar las hamburguesas por jereces o vinos más desconocidos. «Son vinos que me gustan y que creo que van bien con esta cocina» señala Ruiz Henestrosa.

Los postres no se quedan atrás. Nos proponen una crema de vainilla, coronada con una salsa de caramelo y unos trozos de plátano estofados por lo alto. Aquí si se utiliza la cuchara pero el resultado sigue en la misma línea de cocina gustosa del resto del almuerzo.

El postre de crema de vainilla con plátanos. Foto: Cosasdecome

Little John, que está en pleno centro de Rota, tiene algunas características singulares. Se va por reserva «para poder calcular bien la materia prima que compramos ya que trabajamos con cosas frescas» y estas se realizan a través unicamente de la web del establecimiento (pinchar aquí). No admiten reservas por teléfono.

Horario, localización y más datos de Little John, aquí.

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