La barra de El Faro, renovada por tercera vez en su historia, está abierta desde la noche del 19 de febrero. Atrás quedó el modelo ochentero con su quilla en el centro. El diseño realizado por la empresa EEBA sólo ha dejado cinco cosas: el personal, la carta, los precios, los cuadros de Pepe Baena y las seis letras de azulejo que ponen «El Faro».

La barra, desde la zona de San Félix.

La barra, con uno de los pocos detalles que se ha respetado: el nombre de El Faro en azulejo. Foto: Cosasdecomé

La reforma no ha sido sólo cambiar el aspecto de la barra; ha ido bastante más lejos, y el ajetreo de estas semanas ha dejado a Mayte Córdoba con una montaña de papeleo pendiente y un grifo: el de cerveza, que tantas cañas sirvió en la antigua etapa de la barra, y que su hijo Mario y los responsables de mantenimiento le han regalado como si fuera un trofeo, con una piedra ostionera al lado y una placa. Se le nota a la directora gerente del establecimiento lo que se ha currado una obra ejecutada en un tiempo récord, porque está en todos los detalles y caza al vuelo los remates pendientes: medio segundo en la flamante cocina le basta para detectar que falta quitarle la protección a un detector de incendios del techo en el que nadie repararía.

El cuadro ha vuelto a su sitio.

El cuadro ha vuelto a su sitio. Debajo, una de las pequeñas contrabarras que emulan a un balcón gaditano.

La obra ha modificado desde las puertas de entrada al local hasta la cocina que da servicio a la barra, que ahora queda más cómoda. Se han creado nuevos cuartos de baño, y se han añadido más comodidades para los clientes, como enchufes y puertos usb para los móviles o un lugar para los bolsos en las contrabarras ubicadas en las ventanas. El espacio es ahora accesible para todo el mundo.

Perspectiva de la barra desde la zona de San Félix.

Perspectiva de la barra desde la zona de San Félix.

En lo decorativo, el proyecto de EEBA quería gaditanizar aún más el espacio. El granito verde, el amarillo o el mármol travertino se descartaron por no ser de aquí, y los materiales elegidos fueron piedra ostionera, mármol, madera de roble y mortero de cal. En el centro ya no está la barca, pero sigue allí el pescado, en una vitrina de cristal que se puede ver desde cualquier lugar de la barra. Hay mosaicos de azulejos tradicionales, unas puertas blancas inspiradas en los cierros y un suelo de damero. La barra, eso sí, sigue exactamente en el sitio donde estaba. «Se da por hecho que cada cliente tiene su lugar preferido y que querrá recuperarlo tras la intervención», dice el estudio en el resumen del proyecto.  Dicen haberse inspirado en el pintor italiano Giorgio de Chirico, que enmarca escenas metafísicas en entornos de arquitectura clásica, y también haber revisado en clave contemporánea elemetos clásicos de la ciudad. Por eso el mortero de cal blanco recubre los paredes, la barra tiene base, fuste y capitel como si fuera una columna clásica, las contrabarras son reinterpretaciones de los balcones y el techo de madera -además de tapar el revestimiento contra el ruido- evoca la cubierta de un barco. La metáfora gaditana llega hasta los cuartos de baño, con un espacio similar al de las garitas y un revestimiento de azulejo amarillo que lo asemeja a la cúpula de la Catedral o a hasta al Cádiz CF.

Los espejos servirán para escribir sobre ellos las sugerencias del día.

Los espejos servirán para escribir sobre ellos las sugerencias del día.

La barra más famosa de Cádiz estuvo cerrada desde el mediodía del 7 de enero para someterse a esta reforma. Tras superar unos diez días de obras más intensas y ruidosas el restaurante reabrió con una zona habilitada especialmente para los clientes que no son de sentarse: una zona de mesas altas en el salón al que se accede por la calle San Félix. La barra de El Faro funciona desde el año 1964, cuando se abrió el establecimiento. Desde entonces tan sólo se había remodelado a fondo una vez, hace un par de décadas, cuando se le dio su estructura actual.

El pescaíto, en la vitrina que sustituye a la barquita.

El pescaíto, en la vitrina que sustituye a la barquita.

 

La nueva apertura de la barra llenó el establecimiento la primera noche. La gente se enteró por las redes sociales y acudieron para apoyar el codo en la tercera versión de la barra de El Faro: algunos de ellos habían estado también el último día, y habían prometido que serían de los primeros en volver.

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