Los jereces de la firma dejan la tradicional botella jerezana y apuestan por unas etiquetas coloristas en un intento por acercarse a los consumidores y ocupar las mesas de los restaurantes

 

Sánchez Romate busca como mayor informalidad, como para que los clientes lo consideren “un vino amigo”. La idea es que en las mesas de los restaurantes y en las barras de los bares su gama de jereces se vea con más asiduidad y para ello ha trabajado en dos vertientes. Por un lado remozando al completo su gama de productos destinados especialmente a la hostelería y el gran consumo y por otra aliándose con una de las distribuidoras de vino de más prestigio de la provincia, el grupo Merino, para así llegar a los hosteleros con mayor fuerza.

La gama de jereces de Sánchez Romate (fino, amontillado, oloroso, cream, Pedro Ximénez y manzanilla) abandonan la tradicional botella jerezana y “se mudan” a la botella borgoñesa. Mantienen el mismo volumen de contenido, 0,75 litros. Esta botella es más habitual en los vinos blancos y el público, por tanto, lo relaciona más con un vino para comer, uno de los objetivos de la firma y también del Consejo Regulador del Jerez, lograr que estos vinos sean considerados como vinos para comer y no sólo para copear.

Además las etiquetas se hacen mucho más alegres. Con un fondo blanco, se limitan a reproducir unas especies de manchas que dan la sensación de movimiento y de frescor. El diseño ha sido desarrollado por el equipo de la firma, según destacó en la presentación de los nuevos vinos el consejero delegado de la bodega, Francisco Javier Requejo. La enóloga de la firma, Reyes Gómez, destacó que la calidad de los vinos es la misma que hasta ahora y que lo único que cambia es la presentación.

La idea de Sánchez Romate, una firma creada a finales del siglo XVIII y que continúa en manos de empresarios locales,  es que las nuevas presentaciones de sus jereces estén en el mercado a principios de 2018. Ya la firma mostró su apuesta por caminos más novedosos cuando lanzó en 2015 su serie “Inusual”, unos jereces no tan sólo novedosos en su presentación sino también en su “contenido” (más información aquí).

Pero la apuesta de Sánchez Romate por la hostelería se basa también en mejorar la distribución de sus vinos. El pasado lunes ya hicieron un ejercicio de “fuerza” al convocar en sus bodegas de Jerez a 270 hosteleros de la provincia convocados por ellos y por el grupo Merino, la empresa con sede en El Puerto de Santa María que se hace a partir de ahora con la distribución de sus marcas en la provincia. Ya lo hacen en Sevilla desde hace cuatro años y los buenos resultados obtenidos han llevado a la bodega jerezana, bastante valorada por la calidad de sus productos, a confiar en el grupo que comanda Alvaro Merino, el gerente de la distribuidora.

La firma portuense no se dedica tan sólo a la distribución. Su idea es transmitir la cultura de los vinos. Para ello tiene tanto en El Puerto como en Sevilla dos tiendas en las que vende los productos que distribuye (más información aquí) y organiza frecuentes catas para dar a conocer sus especialidades. La firma ha entrado incluso en el campo de las cerverzas artesanales y ha puesto en marcha la primera cerveza “de bodega” que se cría en una antigua bodega jerezana (más información aquí).

La idea de Sánchez Romate, una empresa especialmente enfocada a la exportación y que elabora algunas marcas emblemáticas como el brandy Cardenal Mendoza, es acercarse a la provincia en la que nacen sus productos, una zona que cada día parece más interesada en los jereces.

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Los máximos representantes de la bodega Sánchez Romate y del Grupo Merino, Alvaro Merino brindan por el éxito de la nueva etapa. Foto: Cedida por Vinos y Maridaje

Los máximos representantes de la bodega Sánchez Romate, Francisco Javier Requeo,  y del Grupo Merino, Alvaro Merino brindan por el éxito de la nueva etapa. Foto: Cedida por Vinos y Maridaje