El establecimiento, que inicialmente sólo servía patatas fritas al estilo de los Países Bajos, ha ido incorporando nuevas elaboraciones de cara a la próxima ampliación del local.

 

Fricandell, tequeños… ya no son sólo patatas lo que salen de las freidoras del Frityes, un establecimiento situado en la calle San Francisco de la capital gaditana y que comenzó vendiendo exclusivamente patatas fritas al estilo de los Países Bajos, acompañadas con una variedad de salsas a elegir.

El motivo de que hace un año empezaran con la ampliación de la carta es otra ampliación… la del local. Frityes ocupa ahora mismo sólo una pequeña parte del espacio que tiene alquilado en lo que era la antigua Casa Durán. Inicialmente reformaron y abrieron sólo un pequeño despacho con cocina, que es lo que el público ve. Detrás hay un gran espacio en el que aún se encuentran las vitrinas de madera del antiguo negocio. La idea desde el principio era dar actividad a todo el local, pero no ha sido fácil: hasta ahora no han contado con todos los permisos necesarios para iniciar una reforma que creará un restaurante dedicado a la comida callejera. Tras la reforma, seguirá existiendo el Frityes actual para quien prefiera llevarse la comida junto al restaurante, que tendrá entrada independiente: sí compartirán la cocina, que se ampliará. Y seguirán estando, ya restaurados, los anaqueles del antiguo comercio.

La ampliación del negocio conlleva la ampliación de su carta, aunque la idea es seguir en la misma línea: platos callejeros de la cocina internacional basados en frituras. Desde hace aproximadamente un año llevan haciendo pruebas, y las recetas que han tenido más aceptación están ya en carta. Es lo que ocurre con las Frikandell, una plato extendido por Bélgica, Holanda y Alemania. En Frityes ofrece la versión holandesa: una salchicha ahumada de carne de pollo y cerdo, que se puede tomar sola, con salsa o en su versión especial, que lleva cebolla cruda, mayonesa, y curry o ketchup.

Explica uno de los propietarios, Jonathan Noto, que en la Bahía, y especialmente en Chiclana, hay una sorprendente cantidad de gente que ha vivido en Holanda o procede de allí, y que han acudido para ver si estas salchichas saben como las que probaron en su día. Los frikandell en cuestión son importados desde los Países Bajos, y han cuidado que la elaboración sea igual, por lo que actualmente se encuentran con grupos de chiclaneros que peregrinan allí los domingos sólo para recordar viejos tiempos. Del especial, explica, a mucha gente le extraña que lleve la cebolla cruda, pero la verdad es que le da un toque crujiente que va bien a la salchicha.

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Jonathan Noto, elaborando la salchicha.

Además de Frikandell, tienen Pollo Kentucky, unas tiritas de pechuga de pollo rebozadas, fritas y aderezada con la salsa del mismo nombre, y el Tequeño, que es un queso recubierto por una masa de harina y frito típico de Venezuela. Se hace con queso de tipo Paisa, un queso de vaca blanco y fundente.

Pero pronto habrá más novedades, como las canadienses Poutine, con las que experimentaron en su momento pero que volverán para quedarse en un par de semanas. Se trata de bandejas de patatas aderezadas con variedad de ingredientes (por ejemplo, chiles, frijoles, cheddar y jalapeños, o con jamón y huevo…) de las que habrá unos seis tipos, aunque de momento empezarán con dos. También van introducir otro plato holandés, el kipkorn, una salchicha de pollo rebozada que se meten en uno de esos mini panes de banquete.

Continúan, eso sí, las patatas que fueron el origen de todo y que proceden del norte de España, ya que allí encuentran las que mejor se adaptan a la elaboración.

Más información sobre el establecimiento, aquí.