na nueva bodega, Lorente y Barba, retoma la tradición de dos familias vinculadas a la producción de vinos durante generaciones y se instala en un edificio histórico con un pozo árabe inagotable del que hay referencias desde el siglo XIII.

 

La primera producción de Lorente y Barba es de 2016, pero sus vinos vienen de lejos y se remontan generaciones de una misma familia. La empresa la forman dos socios, Mauricio Lorente y Julio Barba. El tatarabuelo de Mauricio era un tratante de vino que tenía una pequeña bodega-almacén, que luego guardó su hijo, capataz de una bodega a finales del siglo XIX. Estos vinos pasaron a su hijo Onofre, que era farmacéutico y estaba especializado en análisis clínicos y enológicos. Onofre adquirió las bodegas Lukol, con las que comercializó vinos de Jerez y otros derivados que alcanzaron cierta fama, como al Jerez Quinado La enfermera o un Jerez con Yohimbina, que se vendía como afrodisíaco. Aunque vendió la bodega y las marcas comerciales, guardó las mejores soleras; aquellas con las que tenía un vínculo familiar, que pasaron al padre de Mauricio Lorente, también llamado Onofre y también farmacéutico, analista y bodeguero, con una bodega en la calle Las Cabezas, (muy cerca de la actual Lorente y Barba) que funcionó desde la década de los 70 como almacenista.

Los conocimientos profesionales del padre y el abuelo, en los tiempos anteriores a los enólogos, junto con el saber de los antepasados, permitieron conservar los vinos hasta que llegaron a manos de Mauricio, que se planteó, junto con Julio, hacer una bodega de vinos elaborados y cuidados “con mimo”; un homenaje digno a tantas décadas de cuidados. Para ello, adquirieron una bodega en la calle Ceniza del barrio de San Mateo de la que Lorente habla con entusiasmo. Se trata de un inmueble de más de 500 años construido con anchos muros de piedra y ladrillo, con columnas de una sola piedra talladas a mano y situado en la zona que albergó las primeras bodegas conocidas de Jerez. Está aproximadamente metro y medio por debajo del nivel de la calle porque la calle ha ido subiendo de nivel con las sucesivas intervenciones mientras la bodega permanecía intacta. Este detalle curioso se ve bien en las piedras del muro de la calle Balderramas, en el que se aprecian unos arcos que en su día debieron ser el acceso al edificio  y que ahora quedan muy por debajo del nivel de la calle.

Como otras antiguas bodegas, tiene una segunda planta, en la que antaño se almacenaba paja y grano; antes de las grandes construcciones bodegueras de altísimos techos (las bodegas-catedral típicas de la edad de oro del Jerez) lo idóneo era contar con un piso superior que servía para almacenaje y aislaba de los picos de calor estival. El inmueble está construido sobre un pozo del periodo árabe, que en su día tuvo una noria, y que dicen en el barrio que este pozo no se seca ni en los periodos de más pertinaz sequía. Precisamente por esto se construyó en la nave contigua el primer parque de Bomberos de la ciudad que tomaba de ahí el agua para las bocas de riego y extinción de incendios de todas las bodegas de alrededor. Hay referencias al pozo ya en el libro de reparto de Jerez, de Alfonso Décimo el Sabio (año 1261).  Una placa en una torre de la muralla de Jerez, en Puerta de Rota, junto a la bodega, recoge ese fragmento.

Más allá de la historia, las características del que es el casco de bodega más antiguo que sigue funcionando como tal lo hace idóneo para la crianza de vinos, según explica Lorente. De momento han producido dos, un Fino y un Oloroso. Desde la bodega explican detalladamente el proceso: Cada bota de 512 litros se cuida hasta el vino está en su mejor momento para ser embotellado. Se hace una saca de un tercio de la bota, del que obtienen un máximo de 225 botellas. Así, el contenido de cada botella proviene sólo de una bota (Single Barrel) y en la etiqueta de cada botella se especifica la bota de procedencia y la saca. Y es que aunque los cuidados sean los mismos, todas las botas no saben exactamente igual. Tras cada saca, elijen para cada single barrel un vino que permita mantener la esencia de esa bota año tras año. Este método, que definen como una evolución de la crianza por soleras y criaderas, es el que se ha seguido siempre para mantener los vinos de sacristía, que eran botas singulares seleccionadas y reservadas aparte (en un rincón de la bodega conocido como sacristía) para los propietarios de las bodegas.

Las botas, en la bodega.

Las botas, en la bodega.

El Fino se caracteriza por haber sido envejecido y rociado para alargar al máximo su crianza biológica, lo que solo es posible por las excepcionales condiciones de la bodega. Esta vejez le aporta una intensidad de aromas muy característica, así como un color más dorado y menos pálido que el que poseen otros finos más jóvenes. Pese a que su concentración de alcohol es la normal para estos vinos (15%), las notas alcohólicas en la cata son más ligeras, resaltando excepcionalmente los aromas característicos de la crianza biológica, indican. Este fino “alargado al máximo” puede tener unos 12 años. Se recomienda servir fresco, pero no muy frío, entre los seis y nueve grados.

El Oloroso, de color caoba y entre 18 y 20 años, tiene un aroma muy potente. La vejez de las soleras hace que se perciban claramente las reminiscencias del roble y un toque de lignina que puede evocar a la vainilla y notas clásicas que que recuerdan a frutos secos. Su característica más peculiar es que está muy estructurado en nariz y en boca; pese a su alto contenido alcohólico (18%) es suave al paladar con un retrogusto larguísimo.

Son los primero productos de la Lorente y Barba, que ya se están preparando para sacar al mercado nuevos vinos con la misma filosofía, según indican. Los actuales se pueden adquirir a través de la página web Abuela Concha (Ver aquí), una tienda online de productos de la provincia. El precio del fino es de 13 euros, y el del oloroso de 26. De la distribución en la provincia de Cádiz se encarga Delatierra Cádiz.

Llorente y Barba está en la calle Ceniza de Jerez sin número (Bodega), y Telar, 4 de El Puerto (oficinas). Tiene página web.