Agustín Castro se incorporó a los fogones del restaurante del Paseo Marítimo de Cádiz apenas un mes después de cerrar el establecimiento de la Avenida

En enero de 2017, el cierre de una baraja ponía fin a más de veinte años frente a los fogones a la cafetería Miami de la avenida de Andalucía. Pero a Agustín Castro no le faltaron las ofertas desde ese día: tuvo donde elegir y eligió el Arsenio Manila, donde trabaja actualmente.

A Castro, la cocina le corre por las venas. Su padre, Santos, fue el propietario de El Boquerón de Plata, que estaba en la calle San Félix. Estudió cocina en la Escuela de Hostelería Hoffmann de Barcelona y empezó trabajando en esa ciudad: destaca su paso por el popular Moncho’s o por el restaurante de la propia escuela. En el 92 volvió a Cádiz para incorporarse al establecimiento del que se había hecho cargo su hermano en la Avenida, justo enfrente de los Sindicatos: el Miami. No era un nuevo negocio; esta cafetería había sido fundada en el 59 por la familia Paredes.

De esta forma, los hermanos José Antonio y Agustín se pusieron al frente del negocio, que remodelaron totalmente en 2008 y cerró en 2017. Agustín se autodefine como un autodidacta, que en su paso por la cafetería consiguió unos pocos de premios en la Ruta de la Tapa que cada verano se celebra en la capital gaditana. Hasta el último momento, el último año de apertura, logró un galardón (compartido con el Mari y José), el que reconocía la Mejor Tapa Regata, que fue para Solomillo con salsa de soja y limón con papa arrugá al mojo picón verde. “Prácticamente, cada vez que nos presentábamos conseguíamos algún premio”, recuerda. Y es que la cocina del Miami tocaba platos diferentes con un toque elegante. Lo más demandado era el bacalao con pil pil de zanahoria o unos muslos de pollo deshuesados hechos al horno.

Cuando Rául Cueto de Arsenio Manila vino a verle, Agustín ya tenía varias ofertas sobre la mesa de conocidos establecimientos de la ciudad, pero esta logró convencerle. Entre otras cosas, porque el restaurante del Paseo se iba a someter a una reforma que iba a renovar su cocina. Agustín se incorporó a la plantilla del Arsenio en Carnavales, cuando el Arsenio estaba cerrado para esa transformación pero funcionaba en el chiringuito situado enfrente, el Bebo Los Vientos. El establecimiento reabrió a mediados de marzo.

Agustín está contento porque las cosas le han ido bien y lo ocurrido en los últimos meses le dice que su experiencia se valora y el trabajo no le falta. El que ni siquiera llegara a pasar un mes en la larga lista del paro de Cádiz fue todo un alivio, porque el cierre del Miami no sólo le afectó a él, sino también a su esposa, Alicia Campos, que trabajaba en el establecimiento; de hecho, la conoció allí.

En Arsenio, explica, se centra en trabajar y sacar los servicios, pero también aporta sus ideas. Los clientes ya han podido probar algunas de sus recetas a modo de sugerencia de cocina, como ha ocurrido ya con una tarta de sardinas, y espera que la próxima carta fija, la de invierno, incluya algunas ideas suyas.