Pese a su pequeño tamaño, La Virreina es uno de esos sitios donde descubrir algo nuevo en cada esquina, desde la exquisita miel gaditana a legumbres de León o una variedad de originales pastas.

 

En el año y pico que llevan preparando la apertura, a las hermanas María José y Blanca Treviño les ha dado tiempo de hacer un mueble de suelo a techo y una selección exhaustiva y a conciencia de todos y cada uno de los productos que hoy la llenan. El Ultramarinos La Virreina, situado en la gaditana calle Compañía, es uno de esos sitios donde se descubre algo nuevo en cada rinconcito y donde dan ganas de echar la mañana, pese a que el local es minúsculo.  María José explica con todo detalle el porqué de cada producto: de dónde es, qué características tiene, cómo lograron encontrarlo…

Las hermanas Treviño son dos trabajadoras sociales que hace unos días cumplieron el sueño de abrir este negocio; querían algo que provocara nostalgia de ultramarinos, aunque tuviera un espíritu más actual. Un sitio donde comprar sin prisas, y donde todavía se puedan adquirir productos a granel.

Los graneles son principalmente pasta seca y legumbres. Hay una docena de pastas, que hace una cooperativa de italianos en Navarra, y que cuenta con variedades tan originales como la que integra el pimiento propio del País Vasco francés espelette, o la que lleva alga espirulina. Las pastas son artesanales, veganas y ecológicas, y no sólo están hechas de trigo: también la hay de espelta, centeno o kamut.

Para las legumbres querían variedades españolas, por lo que han acabado comprando en un pueblo de León, Santa María del Páramo. De allí salen los garbanzos pedrosillanos y castellanos y demás legumbres. Destaca María José una porque ha supuesto un descubrimiento para ella: las alubias redondillas, de rápida cocción y exquisitas, según explica. Por cierto, que en este ultramarinos ahorran el tener que buscar cuánto tiempo hay que cocinar cada cosa: de cada saco asoma un cartelito con el nombre del producto, precio y el tiempo que necesita de olla normal y exprés.

También hay arroces de diversos tipos, sales, harinas, bulgur, amaranto… y una variedad más de productos que se pueden adquirir  a granel. Todos se sitúan a la derecha de la tienda, mientras que el frontal lo ocupa un mueble con escalera y que es una versión renovada de los de ultramarino de toda la vida. Es el que hicieron ellas en una nave de Chiclana, una tarea en la que se implicó también el marido de María José. Aquí están los vinos, la miel de Puremiel, las conservas, las Bochas y muchos más productos, así como el aceite traído de El Callejón, de Prado del Rey. Los refrigerados, como los quesos, quedan a la izquierda.

María José Treviño atiende a unos clientes.

María José Treviño atiende a unos clientes.

Escaparate con recetario

Los mantecados de Cazalla ocupan ahora el escaparate del ultramarinos. Pero más adelante, este espacio se reservará para hacer una especie de recetario a la vista de los transeúntes. Cada cierto tiempo se colocará una fórmula diferente, que podrá hacerse con las mercancías que venden en la tienda. Si la cosa va bien, incluso podrían animarse a hacer un libro con el tiempo.

Detalle de la decoración. La identidad corporativa es obra de la empresa gaditana Cadigrafía.

Detalle de la decoración. La identidad corporativa es obra de la empresa gaditana Cadigrafía.

Un nombre con misterio

El nombre del ultramarinos, La Virreina, nace ya con un pequeño misterio. La tienda estaba sin bautizar cuando, una tarde tormentosa, a María José le dio por entretenerse mirando fotos de un grupo de Facebook, uno de esos donde la gente sube fotos antiguas de Cádiz. Llevaba un buen número de fotos vistas cuando llegó a la de una página de una antigua publicación donde se anunciaban dos establecimientos: El Ultramarinos La Virreina de la plaza de la Catedral y La Puerta Otomana. En cuanto vio lo de la Virreina decidió que su local se llamaría así. Y eso que entonces aún no sabía que la calle Compañía también había tenido ese nombre.

Lo curioso del caso es que quiso buscar posteriormente la foto para reproducirla y que sirviera como decoración para el local y no dio con ella. Incluso se dirigió al administrador del grupo de Facebook, pero ni siquiera le sonaba esa imagen. Acudió a los archivos históricos para indagar en las publicaciones de dónde había podido salir el anuncio,  y tampoco consiguió nada. Hasta le preguntó a Molina Font, autor de un libro sobre los ultramarinos gaditanos (Más información aquí) , que conocía el ultramarinos en cuestión, pero nada sabía sobre el anuncio. Para demostrar que no lo ha soñado, tiene la foto que le hizo a la pantalla del ordenador.

Horario, teléfono y más datos de este establecimiento, aquí. 

No es la primera vez que emprendedores gaditanos intentan recuperar el espíritu de los famosos ultramarinos. Una idea similar está en el origen de El Chicuco, que cumple dos años desde su apertura en la calle Plocia. Más información aquí.