El bar La Pastora Casa Naca, que se define como la última “casa de comidas” de San Fernando, cumplió 50 años de vida en los que ha sabido evolucionar de establecimiento para “los quintos” que hacian la mili en la ciudad hasta un local de ambiente cofrade especializado en comida familiar

Doña Rosa, como la conocen en el barrio, cuenta ya 74 años. Lleva el pelo bien recogio y viste el uniforme “de oficio” de todas esas grandes guisanderas a las que tanto debe la gastronomía de la provincia: el bambito. Aunque ya está jubilada le gusta pasarse por el bar y “echarle” un ojito a los peroles para ver si el menudo y la berza están “metio en cintura”.

Doña Rosa dice que a las berzas, los menudos y todos esos guisos de mojá pan, para que alcancen la categoría de guisos de bendición de Dios, hay que meterlos en cintura. Así define a la operación de dejarlos reposar un buen rato para que la salsita se ponga un poquito untuosa, en ese estado a medio camino entre el sólido y el líquido que es el cremosito.

Le gusta la idea de posar debajo del cuadro de la Virgen que preside la puerta del Bar La Pastora, aunque mucha gente lo conoce también como “Casa Naca”. Ellos han optado por la decisión más sabia, poner los dos nombres a la entrada. Dentro vuelve a estar la Virgen por todos sitios. Una foto monumental ocupa toda la pared del primer salón y reproduce la plaza en el día de la ceremonia de la coronación de la Divina Pastora, cuya iglesia está frente al establecimiento. En el comedor hay casi un museo fotográfico cofrade.

Juan Antonio Sirviente Prius, el actual gerente del establecimiento, señala que “estamos muy vinculados al barrio y a la parroquia y evidentemente a todo lo que tiene que ver con las cofradías”. Le gusta definir al local como “casa de comidas”, quizás la única que ha sobrevivido después de que “los pelones”, como se conocía a los soldados que iban a hacer la mili a San Fernando, dejaran la ciudad, provocando un verdadero terremoto económico para La Isla y, sobre todo, para estos bares que vivían para atenderles.

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Tres generaciones de la familia Sirviente Prius

Doña Rosa también era una bendición de Dios para los pelones. Ella y su marido, Agustín Sirviente, se hicieron cargo del negocio allá por febrero de 1962. La bodega El Sanatorio de Chiclana les financió para que pagaran el traspaso y se hicieran con el bar. Se lo irían pagando poco a poco: cien pesetas cada vez que adquirían de la bodega una garrafa de vino. Lo del Naca viene porque Agustín lucía canas y a alguien le dió por decir que tenía el pelo “nacarado”. Se le quedó lo del Naca.

A La Isla llegaban cada dos meses de 4000 a 5000 pelones, todos con hambre y con poco dinero. A su atención se dedicaban muchas “casas de comida” de la ciudad. Juan Antonio Sirviente recuerda algunos nombres legendarios como El Nanai o la Maestranza ya desaparecidos que a base de platos y bocadillos se dedicaban a atender las “necesidades” gastronómicas de estos militares por obligación.

El “completo” de El Naca

En El Naca se hizo famoso un plato: el completo, un quitahambre que llevaba dos huevos fritos, una chuleta de cerdo, dos pimientos verdes fritos y una gran fritá de papas. El menú de 25 pesetas se complementaba con una ensalada que se les ponía antes de la fritá de papa y huevo, un tercio de cerveza para echarlo tó pabajo, pan y postre.

Rosa Prius recuerda haber llegado a vender un sábado más de 400 completos y llegaban a usar en un fin de semana 18 sacos de papas. Los pelones se acabaron en San Fernando en el año 2001 cuando ya dejó de ser destino para que los que hacian la mili. Los negocios dedicados a ellos desarparecieron o se reciclaron. En El Naca consiguieron aguantar “el tirón” y siguieron con su caracter de casa de comidas, ofreciendo menús diarios con platos de cuchara, algo que hoy en día mantienen de lunes a viernes y luego ocupando un lugar como bar familiar, de los que se acude a comer en grupo, los fines de semana.

El tercer canal que ha conseguido ocupar El Naca es convertirse en uno de los bares “cofrades” de San Fernando, a donde acuden los tertulianos a hablar sobre la Semana Santa, una actividad en auge en la localidad. Entre ellos hablan incluso de “los nacarenos”, los fieles del bar que acuden frecuentemente a las tertulias improvisadas. De hecho, un libro sobre la historia del establecimiento es obra de uno de los periodistas más respetados de la ciudad, José Carlos Fernández, a la vez reconocido cofrade.

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El tirador de cerveza

El establecimiento sigue manteniendo ese espíritu de “casa de comidas” señala Juan Antonio, conocido como “El Churre”. Se conoce bien el bar. Nació en él, en la habitación que hoy ocupa el almacén, porque entonces los Sirviente Prius vivían en la parte de atrás del establecimiento. Lo llaman así porque jugeteaba mucho por la zona de pequeño y cuando se limpiaba el sudor con las manos sucias del juego, se llenaba toda la cara de churretes. De su padre, Agustín, que falleció en 2002, ha heredado también el pelo “nacarado”, que luce en toda su cabellera.

En 2012 celebraron el 50 aniversario del bar por todo lo alto. Ha habido actos cofrades, gastronómicos y tampoco se han olvidado de la solidaridad “porque los tiempos están como están y estamos con la gente del barrio” señala El Churre. El menú del día sigue siendo una de las claves del negocio. De lunes a viernes hay dos platos. El primero de cuchara y luego algo de pescado frito “que compramos a diario en la plaza”. Hay puchero, cocido, habichuelas, lentejas, menudo, berza y los jueves siempre se sirve paella con chocos y carne.

Aunque hay barra para tapear, presidida, por cierto, por una reproducción del campanario de la iglesia de La Pastora, donde se alojan los tiradores de “La Cruzcampo”, lo fuerte son los platos y raciones. De la cocina se ocupan ahora María Dolores Sánchez Rodríguez, la esposa del “Churre” y su sobrino, la tercera generación ya de la familia, José Antonio Sirviente Tello, formado en la Escuela de Hostelería Fernando Quiñones de Cádiz. El ha introducido algunos platos de lo que su tío llama “Nacafusión” con propuestas más novedosas como una tempura (rebozado) de alcachofas con jamón serrano y manzana que se acompaña de una salsa de vino tinto o unos flamenquines de espárragos con jamón que van con una crema de espinacas.

Por encargo también se puede solicitar un arroz con bogavante o un arroz negro, aunque los platos más vendidos son el “legado” de doña Rosa, su menudo, la berza, las albóndigas guisás en amarillo, las croquetas, y el pescao frito como  acedías, pijotas, bienmesabe y otro plato que se sirve en algunos bares de San Fernando y que es dificil encontrar fuera como los camarones fritos. También hay filetes de solomillo de cerdo a la casera, al queso, al Pedro Ximénez y al “Paroli”, un homenaje de Juan Antonio Sirviente a otro hostelero que tenía un bar con este nombre en la “Cuestecilla de la Cárcel” y donde eran famosos unos bocadillos que se llaman “machacaitos” y que eran de filetitos con mojo picón. Se llamaban así porque el pan quedaba muy plano al meterse en el grill. Juan Antonio ha recuperado el mojo picón que estaba exquisito y se lo ponen por encima a los filetes que ellos hacen.

Todavía algún antiguo “pelón”, o incluso clientes de siempre de la casa,  se acerca en plan nostálgico por el establecimiento y piden que le preparen un completo. Se lo hacen al momento.

Horarios, localización y más datos del Bar La Pastora “Casa Naca” aquí.

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Agustín Sirviente ‘El Naca’, fundador del establecimiento junto a Rosa Prius, en un dibujo conservado en unos de los salones del bar.