¿Es todo croqueta? ¿Existe la croqueta más allá de las jamón, del puchero o la cuaresmal del bacalao? ¿Es punible rellenar una croqueta con kiwi y cilantro? Te invitamos a reflexionar aquí sobre el croqueteo. Cuentanos tu opinión

 

Ya has visto lo que opinan nuestros dos croquetodebatientes, los cocineros Mario Jiménez Córdoba y Paco Medina. Los dos debaten en este video sobre los “límites” de la croqueta y sus rellenos, un tema apasionante de esos para disfrutar, riéndonos un rato, apoyados en la barra de un bar.

Ultimamente está de moda poner las croquetas con alguna salsa de acompañamiento. He notado que cuando más hortero es el relleno de una croqueta más salsa le ponen…como para que así se note menos que aquello sabe a yogur de coco desnatado.

El croquetismo era antes una ciencia exacta. Es decir sólo había dos tipos de croquetas a la que se unía una tercera en periodo de Cuaresma. Había croquetas del puchero, normalmente con unas masas que parecía que habían pasado antes por un gimnasio de lo prietos que estaban sus interiores y las de jamón. Estas últimas las había con tropezones y las llamadas croquetas de “fé” porque el jamón no aparecía nunca por ningún lado y debías de creer en el hostelero que decía que el pernil se había “fusionado” con la bechamel, en una adaptación de la ciencia croquetil al sistema bancario, muy propenso también a las fusiones “sin relleno”.  Eran como croquetas del “Espíritu Santo”. Está pero no se le ve.

No recuerdo cual fue la primera croqueta rarita que apareció en el universo abechamelado. No sé si fue la de espinacas con piñones o la de chocos en su tinta, pero lo cierto es que tras la aparición de estas dos especialidades croqueteriles el mundo ya no fue igual.

Hoy en día se han perdido todas las formas. Ya las croquetas son cuadradas, cilíndricas como la bola del mundo o incluso se han llegado a hacer rellenos tan etéreos que lo único que llevaba la croqueta era aire…pero aire de nada.

Es ya extraño encontrar incluso una croqueta que se presente en el plato pura, sola, dispuesta a enfrentarse al comensal con la sola arma de un empanado crujiente y apanrallado. Antes una tapa de ovoides llevaba cuatro croquetas y ahora lleva una y una “jartá” de invitados, entre pedacitos de “mix de lechuga”, patatas paja, zanahorias ralladas, arroz “bastati” y el inevitable cuencecito con una salsa para acompañar. Los finos le dicen a esto “dipear” pero en verdad lo que hacen es “disimular” porque las croquetas, en muchas ocasiones son menos caseras que un árbitro si juega el Madrid de visitante o tienen menos sustancia que un caldo de apio.

Es necesario volver a la croqueta pura, a la que viene en el plato sola, valiente, segura de si misma, con tan sólo unos piquitos al lado y a ser posible de Obando. Desconfía de las croquetas acompañadas de salsa, de las que vienen en platos negros de pizarra y con un guarrindogerio de adorno por lo alto. Piensa que cada vez que pides una croqueta “de fantasía”, engendrada por una Thermomix sin alma, estas traicionando a tu madre que tantos momentos felices te dio con sus croquetas del puchero amasadas a mano durante una mañana de invierno.

Y tú…que opinas

Pon algo abajo, tu opinión, en el apartado de comentarios. ¿Eres de croquetas del puchero o de croquetas de fantasía?