Los cursos de cocina para aficionados están de moda: Se han transformado en una forma de ocio, en un reclamo turístico e, incluso, en terapia.

 

Carmen se ha comprado un cuaderno precioso que no va a utilizar y ha hecho malabarismos en el trabajo para llegar puntual a la cita, a las seis de la tarde… Llega sin apenas comer, con una empanada de Antonia Butrón en el cuerpo comprada y devorada por el camino. Va a su primer curso de cocina, que es prácticamente su primera incursión en los fogones. Como tantas mujeres de su generación, para su familia la prioridad eran los estudios, que sacara las mejores notas para poder hacer lo que quisiera en la Universidad y en el trabajo. Aprender a cocinar quedaba para un luego indeterminado; para cuando hiciera falta. Contra lo que pudiera pensarse, cuando llega a Foodie se encuentra con que el resto de los alumnos del taller no son profanos de la cocina; son aficionados que han acudido más de una vez en busca de nuevas recetas y pasar una tarde divertida.

Lo de los cursos de cocina para aficionados ha cambiado mucho. Es como si antes se fuera sólo para aprender, por una pura cuestión de supervivencia, y ahora se haya transformado en una actividad de ocio más en la que hasta se puede encontrar pareja. De hecho, la cosa ha cambiado tanto, que hay quien se ha quedado por el camino. Hace años, era habitual que las Asociaciones de Amas de Casa -después denominadas de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios- impartieran nociones de cocina a un alumnado formado por mujeres. También hubo una época en la que se hacían cursos específicos para hombres, separados, divorciados o viudos que nunca habían pensado que la soledad les obligaría a aventurarse en la cocina de su casa. Mientras este tipo de talleres se extinguía por falta de demanda, empezaron a surgir los espacios gastronómicos que, entre otras actividades, imparten pequeños talleres de cocina en sesiones de pocas horas.

La era de los espacios gastronómicos

Espacio Décimo Arte

Las instalaciones de Decimoarte en Jerez. Foto cedida por el establecimiento.

El primero fue Foodie Cádiz, en la capital gaditana, muy cerca de las murallas de San Carlos, inaugurado en julio de 2015. Justo un año más tarde abrió Corazones Hambrientos en El Puerto, cerrado desde hace unos meses, y en septiembre de 2016, Espacio Decimoarte en Sanlúcar de Barrameda. Aunque su historia es algo diferente, podemos incluir en este apartado a La Panacea. Se trata de una tienda ecológica de Jerez abierta desde el año 87. En 2014, a raíz del traslado a un local más amplio, habilitaron una sala para catas y talleres. Allí celebran periodicamente talleres de cocina vegana.

Pero la moda de la cocina no ha hecho más que extenderse en los últimos años, y las aperturas han continuado: en agosto de 2017 abría 5 Senses en Jerez -que ya incluía los talleres dirigidos a personas solas con ganas de conocer gente- y pocas semanas más tarde el catering Gemelas al Jerez, que también ofrece talleres de cocina. En los espacios gastronómicos ya empieza a aparecer un nuevo tipo de alumno: los niños. Casi todos tienen, o han tenido en algún momento, cursos dedicados a los más pequeños de la casa, resueltos a emular a los participantes de los concursos de cocina televisivos. El año pasado, The Cabin ya organizó en El Puerto un campamento culinario para los más pequeños, y el pasado 3 de junio La Panacea celebró su primer taller infantil.

Algunos restaurantes se han animado a ofrecer formación esporádicamente, pero una de las vertientes más curiosas de este fenómeno sale de la esfera de estos espacios gastronómicos: se trata de establecimientos de diversos tipo que acogen un curso específico, relacionado de alguna manera con su actividad. Por ejemplo, un taller de cupcakes organizado por una tienda de crianza natural en Chiclana, o un taller de batidos verdes saludables en el Jardín Botánico El Castillejo de El Bosque. En estos casos, los establecimientos suelen recurrir a ‘profesores’ externos, que acuden al establecimiento para impartir los cursos.

niños

La imagen, de Dulcemente Eva, corresponde a un taller impartido como actividad extraescolar en un colegio chiclanero.

Eva Serrano es Dulcemente Eva. Fue la encargada de impartir el taller de cupcakes en la tienda de crianza. Lleva dos años y medio con unas clases de repostería creativa que dan otro giro más a esta formación: sus talleres son también una forma de terapia. Eva es una profesora itinerante. No tiene instalaciones propias, sino que lleva sus materiales, horno incluido, allá donde le llaman. Sus alumnos no son mujeres, ni divorciados, ni cocinillas con ganas de pasar una buena tarde: son niños de familias en riesgo de exclusión, chavales con parálisis cerebral, enfermos de Alzheimer… La cocina es una herramienta de inclusión social que enseña a trabajar en equipo y refuerza la autoestima. Sus olores y sabores hacen reaccionar a memorias a la deriva, y la experiencia para todos es agradable, divertida y se sale de la rutina. Eva Serrano hace que cada uno trabaje lo que más le cuesta para que vaya superándose y explica que lo importante es disfrutar del proceso de elaboración. Hay muchos modos en los que esta actividad colectiva puede beneficiar a diferentes colectivos. Puede ser una excusa para que los mayores salgan de sus casas, o para que niños y mayores convivan y aprendan unos de otros. Esta chiclanera cocina integración y eso es único en la zona; por eso, consiguió el pasado año el reconocimiento de la Obra Social La Caixa.

A por los Spanish dishes

Aprender, divertirse, integrarse… y también hacer turismo. Un turismo diferente, con delantal, conociendo una parte imprescindible de la cultura de cualquier país: su gastronomía. Y no sólo probándola, sino aprendiendo a hacerla en uno de los pueblos de la provincia que más enamorados tiene: Vejer. La propuesta es de Annie B, que trabaja en la localidad jandeña desde hace años organizando rutas turísticas y actividades en torno a la cocina. El ejemplo es el paquete de siete días, uno de sus productos estrella, una “auténtica immersión”, según explica. La próxima experiencia comienza el 5 de julio, con una jornada de tapas por Vejer. El segundo día, por la mañana, Annie enseñará a preparar gambas al ajillo, tortilla, gazpacho de melón… todo con productos locales. Tarde libre para explorar la ciudad con los nuevos amigos de curso, ver la puesta de sol con un vinito, relajarse en el hotel o ir de tapas, explica el programa.

Tercer día. Visita al Mercado de Abastos de Barbate, “la capital del atún de España”, y compra del pescado con el que posteriormente, de vuelva a Vejer, harán la “traditional Paella”. El cuarto es un día libre y el quinto toca explorar las bodegas y las tapas del “Sherry Triangle”. El quinto, conocer a los ciudadanos más felices de España, que a decir de Annie son “The gaditanos”. Toca visita a Cádiz, con tapeo y visitas culturales incluidas, siguiendo los pasos del televisivo chef Rick Stein. El día siete es la última clase de cocina: sabores de Marruecos, y el octavo, el de la partida.

La iniciativa turística de esta escocesa le ha valido aparecer en The Times, The Sunday Mirror (que la situa como la sexta en un ranking de diez mejores escapadas), The Financial Times o LA Times. Fue nombrada por el Ayuntamiento ‘Vejeriega de adopción’ en 2013.

Nos vamos de curso

Paula y varias alumnas hablan sobre los platos apuntados en el pilar antes de empezar a elaboarlos.

Paula explica los platos a los alumnos antes de empezar a elaborarlos

Habíamos dejado a los alumnos del taller de cocina de Carmen conociéndose entre ellos. También están los ‘profes’ de Foodies. Son tres: Fernando Conde, Carlos de la Rosa y Paula Varela. Al curso se va un poco a ciegas; no sabemos qué recetas se van a hacer, pero sí nos han tranquilizado sobre el nivel de la clase: “No se necesita ningún nivel, no es un curso profesional. El objetivo es echar un buen rato mientras cocinamos entre todos un menú de 3 platos que luego degustamos”.

Las instalaciones son amplias y bien equipadas. En medio de la sala hay un pilar que resuelve el misterio de qué se va a hacer allí: Couscous negro con mejillones picantes y alioli de azafrán, Solomillo ibérico Wellington con compota de manzana y Mousse de chocolate blanco con frutos rojos y su coulis. Mi única experiencia casera con el wellington había consistido en ser testigo de un fracaso bastante estrepitoso ejecutado a dúo por los mejores cocinillas de la familia, hasta entonces invictos en el campo de batalla de los fogones. Ese plato con resabios a hotel y mantelería de hilo da un poco de susto, pero los profesores tranquilizan: no es difícil.

En Foodies está todo bien organizado. Se nota la experiencia. Los profesores explican qué vamos a hacer: descomponen cada plato en elaboraciones, indican cómo se van a hacer las cosas, en qué orden. Empezamos por el postre, que tiene que enfriarse un buen rato y es lo primero que hay que acometer. El trabajo se va repartiendo, de forma que nadie hace un plato de principio a fin, pero se ve perfectamente cómo se elabora en conjunto. Paula, Carlos y Fernando resuelven cada duda: sobre los ingredientes, las técnicas… en torno a la isla de la cocina se van despejando los interrogantes habituales, como la temperatura o cómo coger un cuchillo correctamente para cortar a la brunoise. Los profesores introducen en los términos que se utilizan en las cocinas profesionales, y Fernando se viene arriba en el momento de sellar el solomillo y explica la reacción de Maillard. Aprendemos consejos para trabajar el hojaldre o para bridar la carne en condiciones. No hay que apuntar nada: las recetas las envían un par de días después por correo electrónico, y efectivamente el nivel no es ningún problema.

Los platos van saliendo, y el temido wellington tiene una pinta espectacular. Emplatamos con todo cuidado y, ya con la isla de la cocina recogida, comienza la degustación, con vino o cerveza. Aunque parezca mentira, son casi las diez de la noche; cerca de cuatro horas han pasado volando. Todo está bueno y toca disfrutarlo hablando de catas, de cómo funciona la escuela… Muchos piden repetir el solomillo embutido en hojaldre, y todos, repetir la experiencia.

Aquí, los espacios gastronómicos donde imparten talleres en la provincia (Pulsa sobre cada nombre para leer más):

Además, se puede contactar con La Panacea en su web (aquí), con Dulcemente Eva en el 697559003 o a través de sus redes sociales, y Annie B tiene también página web (aquí).

Aquí puedes ver si hay cursos de cocina previstos en la agenda

Suscríbete al boletín semanal de Cosasdecome