Isidro López, de 24 años y formado en el El Alabardero de Sevilla, crea en Jerez Tiemar, un restaurante “no apto para cobardes” que intenta sorprender con texturas, técnicas e ingredientes novedosos. La próxima incorporación será la flor eléctrica

Gastrobar Tiemar La Fábrica es la primera aventura empresarial de un joven cocinero jerezano que, pese a sus 24 años, atesora bastante experiencia en cocina y muchas ganas de hacer cosas a su modo, diferentes. Su establecimiento se anuncia con el lema “no apto para cobardes”.

Isidro López Lozano siempre ha querido cocinar; comenzó en la Venta Los Callos y posteriormente realizó los estudios en la prestigiosa Taberna del Alabardero, sede de la sevillana Escuela Superior de Hostelería. Trabajó en el catering del Alabardero, y después, durante nueve meses, en el Hotel Montecastillo, hasta que decidió emprender por su cuenta.

Su cocina, explica, tiene un punto “macarra”. Utiliza técnicas como hielo seco o las campanas de humo y busca sorprender con multitud de ingredientes. Está a la búsqueda de incorporaciones que procuren nuevas sensaciones. Por ejemplo, ahora las flores forman parte de algunos de los platos, pero quiere ir más allá: anuncia la próxima incorporación de la flor eléctrica (Acmella oleracea), una flor de aspecto similar al de la manzanilla deshojada que deja la boca temporalmente dormida, como si hubiera recibido un chispazo, y de la hoja de ostra (Mertensia marítima), una planta que tiene sabor a ese molusco. Algunos platos llevan algas, y en el restaurante trabajan con fermentados como el kimchi o con cuatro tipos diferentes de menta.

Tiemar

El cocinero Isidro López. Foto cedida por el establecimiento.

La idea es hacer algo diferente a lo que ya ofrece Jerez, mezclando sabores de otras culturas, como la japonesa o la mejicana, y mediante texturas y sabores. Así nacen platos como el pulpo frito que lleva crema de cheddar  y un curioso gofre salado que recuerda a la tortillita de camarones. Esta peculiar adaptación del popular dulce belga también acompaña a una tapa de huevo frito y jamón. Y es que también hay tapas; aunque al principio se planteó servir sólo platos, al final la demanda le ha convencido de servir también el ese formato.

Más platos: chipirón con crema de maíz, vainilla, jengibre y lima. Un nigiri con arroz suflado, guacamole ácido y mojama de atún. Y un ejemplo de postre: de frutos rojos con helado de yogurt al que se añade una begonia. En otro, juega con diferentes texturas de chocolate.

La carta cambiará cada tres meses, pero la idea es introducir un par de platos nuevos cada quincena. También hay un menú degustación maridado. También en vinos han querido apostar por la diferencia, indica. Este menú trata de “acercar a la gente a la alta cocina sin gastarse 300 euros”.

La acogida, según explica el joven cocinero, ha sido buena. Para su sorpresa, hay quien ha repetido nueve veces en dos meses, porque le ha gustado tanto que ha vuelto para hacer de cicerone gastronómico a amigos y familiares.

Dirección, teléfono y más información sobre este establecimiento, aquí.